¿Cuáles fueron las luces y las sombras de la asamblea de la Caintra Nuevo León celebrada ayer?
Sin Censura
Como todas las asambleas anuales, la 82.ª de la Caintra Nuevo León, celebrada ayer, tuvo sus aciertos y asegunes.
Como testigo o invitado, presencié un escenario que quizá no implique la opinión generalizada. Ni modo. Digo lo que vi. O creí que vi.
Denoté urgencia por resolver problemas estructurales, con rasgos de escepticismo lógico ante las propuestas gubernamentales.
Denoté que el presidente de la Caintra, Jorge Santos Reyna, fue muy insistente en que el 54% de las empresas asociadas siguen sufriendo extorsiones al transportar mercancías por carreteras del país, y que, por más que se pretende ocultarlo, se registra un aumento respecto al año anterior. Nueve de cada diez casos involucran presuntamente a autoridades de los tres órdenes de gobierno.
A juicio de esta columna, la cifra es algo más que un dato estadístico o un síntoma: representa una enfermedad que mina la competitividad, eleva costos logísticos y erosiona la confianza para el nearshoring.
Denoté la exigencia de más y mejores acciones concretas y rápidas contra este flagelo, junto con la simplificación de trámites burocráticos y mayor certidumbre jurídica para aprovechar la relocalización de cadenas productivas.
Denoté la opinión incómoda de que, sin seguridad en las vías de comunicación, el “gran momento de prosperidad compartida” no quedará más que en una bonita falacia. Nadie vive de pura retórica.
Lo siento, pero Andrés Oppenheimer no me gustó. Ofreció una conferencia titulada “El mundo en redefinición”, en la que la amenaza principal es la inteligencia artificial. No. De ninguna manera. La amenaza principal no es la IA, sino la escalada sin precedentes de la guerra, que bien podría convertirse en la tercera conflagración mundial. Los mercados lo están sufriendo y la gente lo está padeciendo. Ocho mil millones de seres humanos se empobrecen cada minuto por culpa de una contienda que no parece tener freno.
Los empresarios de Nuevo León mostraron disposición a colaborar, pero también un escepticismo que puede incrementarse sin remisión.
Si las extorsiones siguen afectando a más de la mitad de las empresas y la burocracia persiste, el tablero de juego del libre mercado puede empeorar gravemente. Habrá que meter mano e inteligencia privada. No hay de otra.
