Esta semana Tampico abre sus puertas como sede de la primera sesión 2026 del Consejo Estatal de la Agenda 2030, presidida por el gobernador Américo Villarreal...
Confirman su participación la CEPAL, el PNUD, la Secretaría de Economía del Gobierno federal, legisladores estatales y federales, y la academia.
Es un encuentro de altura, y conviene leerlo en su justa dimensión. Hay que decirlo con todas sus letras: Tamaulipas ha cumplido una etapa que muchas entidades no han alcanzado. Instaló su consejo desde 2023, alineó el Plan Estatal de Desarrollo 2023-2028 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, suscribió un acuerdo de cooperación con el PNUD y se convirtió en uno de los pocos estados del país en presentar su Informe Subnacional Voluntario ante la Organización de las Naciones Unidas. Es trabajo serio, y merece reconocimiento.
Dicho esto, permítanme una reflexión respetuosa. La Agenda 2030 fija 17 objetivos con una fecha precisa: el año 2030. Estamos en 2026. El margen para diagnosticar se agotó; comienza el tiempo de demostrar. Y la mejor manera de honrar el esfuerzo realizado es dar el siguiente paso: pasar de los informes narrativos a los indicadores públicos, verificables y comparables, que permitan a cualquier ciudadano, y a esta misma clase política, constatar el avance objetivo en pobreza, agua, salud y seguridad.
El propio gobernador lo planteó al instalar este consejo: que no fuera “letra muerta”, sino un órgano vivo. Esa aspiración es hoy la mejor brújula. Convertir un consejo en resultados medibles no es una crítica al Gobierno de Tamaulipas; es la oportunidad de consolidar su liderazgo. Por eso, estaremos a la expectativa de lo que se ofrezca durante el evento.
No esperamos discursos ni buenas intenciones: esperamos resultados, datos y hechos concretos que puedan ponerse sobre la mesa y contrastarse. Esa es la prueba que separa a los gobiernos que administran agendas de los que verdaderamente las cumplen. El reloj de la Agenda 2030 ya no avanza: cuenta hacia atrás. Y Tamaulipas tiene con qué llegar a tiempo.
FILTROS DE PAPEL
En Tamaulipas pasó algo que merece una pausa: los propios partidos están pidiendo que se les exija más. Suena raro, ¿verdad? Es como si el guardia de seguridad de un antro pidiera que le pongan otro guardia para revisar a quién deja entrar.
Y ahí está el punto ciego. Teodoro Molina Reyes, del PRI ante el IETAM, lo dijo claro: el filtro contra perfiles ligados al huachicol fiscal o a vínculos delictivos no debe esperar al INE ni a su nueva Comisión de Verificación.
Debe nacer adentro, “por oficio”. Traducido: los partidos saben perfectamente a quién están metiendo, pero durante años prefirieron que el rival fuera el chismoso que destapara la cloaca, dejándole la decisión a la autoridad.
El problema es viejo y conocido. Pedir filtros internos cuando tú eres el coladero es un acto de fe difícil de creer. La depuración rumbo al 2027 no se mide en discursos, sino en nombres tachados antes del registro.
Dato picante: en el ciclo electoral pasado, varios candidatos señalados por la oposición terminaron registrados igual… porque ningún partido se autodenuncia. El nuevo filtro suena bien. Pero recuerden: el queso que cuida el ratón siempre amanece mordido.
¡¡Yássas!!
