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Opinión

Tiburón

Cinefotógrafo y catedrático de la Carrera de Producción Cinematográfica de la UDEM. Contacto en mariogduenas@gmail.com @duenasmariog

El océano siempre ha sido sinónimo de aventura, peligro y leyendas indomables. Sin embargo, ese inmenso lienzo azul esconde terrores más profundos que nuestros propios abismos mentales: la inquietante idea de sucumbir ante las fauces de un depredador más imponente que la mismísima muerte.

Las pantallas de los cines no estaban listas para asimilar el horror de semejante vacío. ¡Y no es para menos, querido lector! La película arranca con una secuencia idílica: un grupo de jóvenes disfrutando de una fiesta playera y una pareja que se aventura a nadar bajo la noche. 

Todo apunta al desenlace perfecto de cualquier sueño estival, hasta que el ambiente cambia. De pronto, un sonido perturbador se apodera de la escena, convirtiéndose en el sello inconfundible del film y en la antesala del infierno acuático que estábamos a punto de presenciar.

En el verano de 1975, el mundo estaba acostumbrado a que las proyecciones de la temporada no tuvieran relación con el cine de terror (de hecho, Tiburón ni siquiera se encasillaba en ese género). 

Pero el público suele olvidar que la mente maestra detrás de este viaje era nada más y nada menos que Steven Spielberg, probablemente el director más exitoso de la historia.

Él no solo consolidó la cinta como un taquillazo sin precedentes, sino que dio origen a un auténtico fenómeno de culto. Hablo de un movimiento masivo porque el planeta entero se contagió de esta fiebre: camisetas, sudaderas y habitaciones de adolescentes inundadas con pósteres promocionales. 

Sobre todo, nos dejó un ritmo musical constante, grabado a fuego en nuestra memoria colectiva, que hoy en día —más de medio siglo después— sigue resonando con la misma fuerza.

Pero vayamos por partes. La producción estuvo lejos de ser un paseo tranquilo; fue un auténtico maremoto. Gran parte del rodaje se realizó con cámara en mano gracias a la magistral fotografía de Bill Butler. Aun así, el verdadero milagro ocurrió cuando Spielberg unió su talento al de un genio musical inolvidable: John Williams.

Pero volvamos a la tormenta del rodaje. De entrada, el “tiburón” mecánico falló; simplemente no funcionaba bien. Fue justo en ese instante de crisis cuando la genialidad de Spielberg brilló con fuerza: decidió que lo mejor era sugerir antes que mostrar, enseñando al monstruo por partes y no de golpe, alimentando el misterio de la marea.

Más allá de este torbellino de imprevistos, la cinta contó con un elenco de primer nivel: Roy Scheider, Robert Shaw y Richard Dreyfuss. Como mencionamos al inicio, este largometraje marcó un antes y un después en la historia del cine. Con un presupuesto de apenas $9 millones de dólares, logró una recaudación histórica en taquilla que superó la espectacular cifra de $495 millones.

Dejando a un lado las matemáticas y los secretos del set, los invito a sumergirse en el fascinante universo de esta gran obra. Una historia que nos confronta con nuestros miedos más profundos y dolorosos, recordándonos que a veces debemos descender a nuestras propias cavernas submarinas para poder emerger y, finalmente, tomar una bocanada de oxígeno puro.

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