1. La reciente escaramuza sobre el adelanto de las vacaciones escolares a causa del mundial y ¡del calor!, puede verse, como cualquier fenómeno social, complejo por naturaleza, desde diferentes ópticas. Se ha resaltado en los análisis de la comentocracia el ángulo político: un poderoso secretario de Educación es obligado por la Presidenta, que demuestra ser todavía más enérgica, a desdecirse de una propuesta —terminar el ciclo escolar el 5 de junio e iniciar el próximo hasta el 31 de agosto— avalada, según él, por todos los titulares del ramo en los estados del país, y de forma unánime.
2. Llamó la atención, siempre en el pantanoso terreno de la res publica, la velocidad con la que las autoridades educativas federales cambiaron su posición, y muchos leyeron en esta rapidez el empoderamiento de CSP. “No se mandan solos”, parecería ser el mensaje de Palacio Nacional. Más allá del golpe sobre la mesa dado por la Presidenta, quedó en evidencia un equipo de trabajo con fisuras y sin la mínima cohesión, preso de ocurrencias e improvisaciones. Quienes le exigen a la mandataria un claro deslinde de Palenque ven en este empellón una muestra de independencia.
3. Otro enfoque es el familiar. Tener a los niños sin ir a la escuela durante casi tres meses le plantea serios problemas a los progenitores que trabajan fuera del hogar, cada vez en mayor número. De ser así, los abuelos —que, se supone, no son asalariados— tendrían que entrar al quite para cuidar y entretener a los infantes. La pandemia favoreció la pérdida de aprendizajes, el incremento en la desigualdad educativa, la deserción escolar y un fuerte impacto emocional y psicológico por el hacinamiento diario; de ahí que salir del aula durante tres meses nos pondría de nuevo en ese riesgo.
4. La perspectiva económica, que estaba detrás de la sugerencia inicial, tenía como intención clara favorecer la movilidad en las tres ciudades sede del mundial —entonces, ¿por qué se pretendía instaurarla en todo el territorio nacional?—. Esta medida fortalece la ya arraigada certeza de que la FIFA no pretende impulsar el deporte en niños y adolescentes, sino hacer negocio. No solo otorgó, en el colmo de las ridiculeces, el Premio FIFA por la Paz a ¡Donald Trump!, sino que logró cero impuestos del gobierno mexicano, cosa que no impuso ni a Canadá ni a los EUA.
5. Por los precios de los boletos, inalcanzables para el aficionado habitual, la calidad de las selecciones participantes —en Monterrey tendremos Suecia-Túnez, Túnez-Japón y Sudáfrica-Corea del Sur, selecciones ni siquiera de segundo nivel—, y la poca derrama económica que dejará, pues así ha sido en eventos anteriores, el Mundial será una gran inversión… para la FIFA. Ayudarle suspendiendo clases es favorecer un evento a todas luces nocivo para quien organiza, pero muy lucrativo para Infantino y su gran franquicia internacional.
6. Que todo este circo lo hubiera armado el Ministerio de Turismo federal, o las tres ciudades sede, se entendería en la dinámica del dinero. Pero que lo haya planteado la Secretaría de Educación, la que debería estar más prepcupada por la educación de los niños que por la llegada ágil a los estadios de fanáticos armados de cerveza —otro logro de la fiesta futbolera es poder beber alcohol en las calles aledañas al partido—, es considerar que la educación escolar está en un nivel inferior ya no a la práctica del deporte, siempre legítima, sino al espectáculo mediocre y carísimo que nos ofrecerán.
7. Cierre icónico. Estudiantes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí intentaron cancelar una conferencia de la politóloga y periodista Denise Dresser, crítica desde la izquierda de la 4T. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid desde 2019 y figura clave de la derecha española, se queja del trato recibido durante su estancia en nuestro país. Acusó de hostilidad política al gobierno de CSP, al punto de cancelar varias intervenciones públicas. Mal andamos cuando, de un lado y del otro, nos negamos a escuchar voces diversas.
