Hay algo que conviene celebrar sin reservas: cuando un funcionario de Finanzas se planta frente a empresarios y les habla de certidumbre, lo mínimo que uno espera es que los números lo respalden.
Y en Tamaulipas, hay que decirlo, las cuentas hoy permiten ese discurso.
Carlos Irán Ramírez González estuvo en la Expo Proveedor Industrial INDEX Matamoros 2026, y su mensaje fue el correcto para el momento que vive la frontera: política financiera ordenada, transparencia y la promesa, nada menor, de que el gobierno de Américo Villarreal seguirá siendo un socio confiable para quien quiera invertir en suelo tamaulipeco.
La maquila de Matamoros lo necesita escuchar, sobre todo en tiempos donde el nearshoring se discute más de lo que se concreta. Me detengo en un detalle que vale la pena nombrar: la presencia simultánea del alcalde Alberto Granados, la cónsul Mary Virginia Hantsch, Juan Anzaldúa por INDEX, Anabell Flores Garza por Economía, Abraham Rodríguez de CANACO y el liderazgo sindical de Juan Villafuerte.
Esa foto, en otra época, hubiera sido impensable. Hoy ocurre y ocurre con naturalidad. Ahora, con el mismo afecto, los puntos ciegos. Faltó hablar de cifras concretas, ¿cuánta inversión se espera, cuántos proveedores locales se sumarán, qué incentivos están sobre la mesa? Faltó también mencionar a los pequeños proveedores, los que no caben en las cámaras, pero sostienen la cadena. Y faltó, quizá lo más importante, una palabra sobre seguridad, porque sin ella la certidumbre financiera se queda coja. Matamoros está en la jugada. Ojalá la próxima Expo nos cuente cuántos goles metió.
RESCATAR LO ABANDONADO: LA OTRA CARA DE LA OBRA PÚBLICA EN TAMAULIPAS
Por mucho tiempo, hablar de obra pública en Tamaulipas significaba enumerar promesas a medias, estructuras a la intemperie y carreteras que jamás conocieron una cinta inaugural.
Hoy, sin embargo, el discurso empieza a cambiar de tono, y vale la pena detenerse a observarlo con ojo crítico pero también justo. Durante su comparecencia ante el Congreso del Estado, el secretario de Obras Públicas, Pedro Cepeda Anaya, presentó algo más que un informe: expuso una bitácora de lo que estaba prácticamente extraviado del mapa.
La autopista Mante–Tula, recibida con un raquítico 1% de avance, hoy ya transita pasajeros en operación parcial. El Hospital General de Ciudad Madero, que durante años fue esqueleto de concreto bajo el sol del sur, está cerca de abrir sus puertas. La segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria avanza para atender una demanda que en la capital nadie puede seguir aplazando, y puentes como La Esperanza y, próximamente, Magueyes, regresan al servicio cotidiano de la gente.
Aquí cabe una pregunta incómoda que el funcionario no respondió del todo, y que como ciudadanos tenemos derecho a formular: ¿dónde quedaron los responsables del abandono? Porque rescatar obras es una virtud administrativa, sí, pero también un recordatorio silencioso de que alguien, en algún sexenio, dejó morir lo que estaba pagado con dinero público.
El silencio en torno a esos nombres es el punto ciego del relato. Aun así, conviene reconocer lo que sí se mueve. La estrategia impulsada por el gobierno de Américo Villarreal Anaya parte de una idea sensata: antes de inaugurar lo nuevo, terminar lo pendiente. Es menos vistoso, menos fotografiable, pero más honesto con el bolsillo del contribuyente. Tamaulipas necesita memoria y resultados. Que las dos cosas caminen juntas. Opus
¡¡Yássas!!
