'Mejor que me dé fomo'…
Sección Editorial
- Por: Francisco Gómez
- 12 Febrero 2026, 00:00
1. Desde novios era evidente la diferencia: a él le encantaban los deportes, practicarlos y verlos en la tele, mientras que a ella, aunque porrista en la prepa del equipo de futbol americano, solo le gustaba ver la gimnasia y el patinaje artístico en las respectivas olimpiadas. Sin embargo, tal contraste no fue obstáculo para que se casaran. Pasaron los años, llegaron los hijos, y la sombra de los partidos continuó en medio de la ya anciana pareja. Vio jugar a los pequeños y hasta al grande, cuando fue quarterback de los Borregos. Los nietos siguieron el mismo camino.
2. El domingo pasado, como todos los años, organizó con su esposo una reunión familiar para ver el Super Bowl, convocando a toda la familia. Ella misma preparó la paella, ayudada por hijas, nueras y nietas, que tanto gusta a sus descendientes, y él se encargó de las bebidas. Se pasaba más tiempo en la cocina y trayendo viandas y tragos, hasta que pudo sentarse y escuchar de su viejito, como lo hacía en cada ocasión semejante y sin retener la información, en qué consistía un primera y diez, una interferencia ofensiva y la diferencia entre gol de campo y punto extra.
3. Se le iluminó la cara cuando llegó la nieta preferida, la más traviesa desde chiquilla y la primera que se tatuó, con desagrado de papás y abuelos, menos de su tita querida, a quien abrazó efusivamente y se sentó a su lado. “¿A quién le vas, hijita?”, preguntó la gozosa anciana. “No tengo idea de quién va a jugar futbol americano en el concierto de Bad Bunny y, además, me da FOMO perdérmelo, pues todas mis amigas estarán al pendiente en las redes”. La abuelita no entendió la expresión y preguntó a su nieto más cibernético qué significaba.
4. Le explicó, con paciencia inusitada para su edad, que FOMO significa miedo a perderse algo o quedarse fuera (fear of missing out, en inglés), y se caracteriza por una gran ansiedad provocada por el temor a que otros vivan experiencias gratificantes, y las publiquen en sus redes sociales, quedando ausente de ellas. Quien padece FOMO se la pasa pegado al celular, navegando en internet, y desarrolla una profunda envidia de quien sí tiene esas vivencias, llegando inclusive a desarrollar sentimientos negativos hacia esa persona y cayendo en una severa soledad.
5. “¿Entonces yo tengo FOMO —dijo la Nonna— porque me da miedo la enfermedad y el dolor, la dependencia, la inseguridad económica, la inutilidad, perder la memoria y no saber ni quién soy yo, el sufrimiento antes de morir y, sobre todo, que mi viejito se vaya antes que yo?”. “No, abue, esos son temores normales, y más a tu edad. Quienes padecen el FOMO se comparan con otras personas, no alcanzan a disfrutar del presente y toman decisiones impulsivas para salir en la foto, para no quedarse atrás en la noticia de último momento, y eso no te pasa a ti”.
6. Como a la vetusta dama ya se le olvidaban las cosas con cada vez más frecuencia, había ido con el doctor, pues sus hijas temían que tuviera Alzheimer. El galeno las tranquilizó y le diagnosticó demencia senil. No le gustó el calificativo, pues el geriatra la tildaba de loca, y hubiera preferido cargar con una enfermedad elegante, alemana. Lo que su nieto aclaró le sonó igual al veredicto médico. Simplemente, los años le estaban cobrando la factura cognitiva, y ellos eran la causa de su desmemoria. “¡Chin! —pensó—. Preferiría tener FOMO. Se oye más cool”.
7. Cierre icónico. No se le entiende mucho a las letras de sus canciones, algunas de ellas francamente pornográficas, pero el puertorriqueño Bad Bunny es un símbolo de unión artística y de amistad entre las naciones, además de un defensor de su país. En una de las ciudades emblemáticas de los EUA, San Francisco, les espetó en su cara a Trump y a porros del ICE que América va desde Canadá hasta Chile y no se limita solo a su país. Será discutible su expresión artística, criticada por algunos y aplaudida por quienes disfrutamos de sus ritmos, pero no su crítica al siniestro antimigrante gringo.
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