Messi: El monstruo y el antídoto
Sección Editorial
- Por: Antonio Rosique
- 17 Julio 2026, 06:00
En las buenas películas de terror nunca estás completamente a salvo.
Puedes cerrar las puertas, apagar las luces, abandonar la casa, cambiar de ciudad. Puedes convencerte de que han pasado demasiados años y de que aquello quedó enterrado para siempre.
Pero el monstruo sabe dónde encontrarte.
Cada Viernes 13, Jason vuelve a levantarse cuando todos lo daban por muerto. Freddy Krueger te espera en el único lugar del que no puedes escapar: tus propios sueños. En It, el miedo regresa porque el payaso nunca se marchó del todo.
Los grandes monstruos viven dentro de tu cabeza.
Argentina llegará a la final del Mundial convertida en una criatura semejante: un equipo que puedes derribar, pero que siempre vuelve a ponerse de pie.
Cabo Verde creyó tenerla.
Egipto creyó haberla sepultado.
Suiza intentó contenerla.
Inglaterra pensó que podía apagarla.
Todos terminaron devorados y con el corazón roto, porque Argentina no interpreta la desventaja como una sentencia; la interpreta como una provocación.
Ha aprendido a sobrevivir con el agua al cuello, a caminar por el borde del precipicio y a encontrar un sendero cuando ya no parece quedar montaña.
Y en el centro de esa resistencia está Lionel Messi.
Messi posee algo que no se entrena: la sangre fría para pedir la pelota cuando quema.
La tenían Michael Jordan en el último tiro, Tom Brady en el último drive, Kirk Gibson en el jonrón imposible de 1988 y Freddie Freeman en los Clásicos de Otoño de 2024 y 2025.
Messi lleva veinte años pidiéndola.
Y España lo sabe mejor que nadie.
Porque este monstruo, de alguna manera, también fue creado por España.
Cuando Messi era un adolescente con problemas de crecimiento, el FC Barcelona le ofreció la oportunidad que necesitaba. España le dio el escenario. Barcelona le enseñó un idioma futbolístico. La Liga terminó de convertirlo en el futbolista más determinante de su generación.
Por eso esta final tiene algo de reencuentro con el creador.
El monstruo se enfrenta al laboratorio que lo desarrolló.
De los 26 jugadores españoles convocados para este Mundial, trece alcanzaron a enfrentarse al Messi del FC Barcelona.
La otra mitad pertenece a una generación que creció escuchando su nombre.
Lamine Yamal y Pau Cubarsí tenían apenas catorce años cuando Messi abandonó Barcelona. Gavi tenía diecisiete. Los 26 eran niños o adolescentes cuando España conquistó Europa en 2008, el Mundial de 2010 y nuevamente la Euro en 2012.
Crecieron creyendo que España podía ganar.
Y ésa puede ser su mayor ventaja.
España no sólo conoce al monstruo. Participó en su creación. Sabe qué lo alimenta, qué lo despierta y qué lo vuelve peligroso.
Tal vez sea el único equipo del mundo que tenga el antídoto.
Pero conocerlo no significa saber aplicarlo.
Porque Argentina se transforma cuando el reloj entra en los últimos quince minutos.
Justo ahí, cuando la pelota pesa.
Las piernas se endurecen.
Y el miedo empieza a caminar por la cancha.
Entonces Argentina huele la duda. Se lanza sobre ella y convierte cada rebote, cada pelota detenida y cada error en una amenaza.
Nadie ha soportado los últimos quince minutos de la Albiceleste.
España necesitará encontrar a su Mariano Rivera. Al gran cerrador. Al apagafuegos capaz de bajar la cortina cuando Argentina empiece a incendiar el partido.
Necesitará conservar la pelota cuando el miedo empiece a correr más rápido que las piernas.
Porque retroceder ante Argentina en los minutos finales es como encerrarse en el clóset de tu habitación durante una película de terror.
La puerta nunca será suficiente.
España tendrá que atacar para defenderse. Convertir la posesión en refugio y obligar a Argentina a perseguir la pelota en lugar de perseguir el partido.
Tendrá que hacer algo que nadie ha conseguido en este Mundial:
Convencer al monstruo de que esta vez no habrá regreso.
Argentina llega con la memoria de todas sus remontadas.
España, con la memoria de que ya anestesió a una bestia: la Francia de Mbappé.
España tendrá que quitarle a Argentina sus últimos quince minutos.
Robarle el territorio donde se vuelve invencible: ese momento en que el partido se encoge, el miedo crece y Messi se adueña del escenario.
Si lo consigue, no sólo levantará la Copa del Mundo.
Entrará en la mitología del fútbol como el equipo que encontró el talón de Aquiles del monstruo que parecía invencible.
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