México 2027: más impuestos, más deuda
Sección Editorial
- Por: Guillermo Barba
- 19 Octubre 2026, 00:00
Seguir endeudándose y aumentar la recaudación fiscal, incluso a costa de las empresas que generan empleo, inversión y riqueza. Ese es el mensaje del Paquete Económico 2027. Y no son buenas noticias.
La semana pasada, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Ingresos 2027, que contempla recursos por $10.63 billones de pesos. De esa cantidad, $6.26 billones provendrían de impuestos y alrededor de $1.47 billones de financiamiento.
Lo preocupante no son las cifras en sí, sino la estrategia que revelan: en lugar de ajustar el gasto a la capacidad de la economía para sostenerlo, se pretende financiarlo mediante más deuda y mayores ingresos tributarios.
El gobierno insiste en que no habrá nuevos impuestos ni aumentos en las tasas existentes. Puede ser cierto desde el punto de vista formal, pero eso no significa que los contribuyentes pagarán lo mismo.
Entre los cambios fiscales planteados para 2027 destacan nuevas restricciones a las deducciones de empresas con ingresos superiores a $50 millones de pesos anuales, la reducción del límite para deducir intereses netos del 30 al 20 por ciento y mayores limitaciones para amortizar pérdidas fiscales de ejercicios anteriores.
Aunque la tasa nominal del impuesto sobre la renta (ISR) permanezca sin cambios, la carga fiscal de muchas empresas podría aumentar. En los hechos, significa pagar más impuestos.
Conviene explicar que facturar $50 millones de pesos no significa ganarlos como utilidad. Una empresa puede tener ventas importantes y, al mismo tiempo, márgenes de utilidad muy reducidos. Es el caso de miles de ellas.
Limitar sus deducciones puede representar la diferencia entre obtener ganancias suficientes para reinvertir y enfrentar dificultades para sobrevivir.
¿Por qué insistir en castigar fiscalmente a quienes producen, invierten y generan empleos formales?
Las consecuencias pueden ser contraproducentes. Si operar dentro de la formalidad resulta cada vez más costoso, disminuyen los incentivos para crecer, contratar trabajadores y ampliar inversiones. Algunas compañías podrían decidir mantenerse pequeñas; otras, reducir operaciones, trasladarlas a otros países o irse a la informalidad.
El resultado podría ser el contrario al que se busca: una economía menos dinámica y una base tributaria más débil.
La presión fiscal es solo una parte del problema. La otra es la deuda pública. El pago de intereses previsto para 2027 se aproxima a $1.7 billones de pesos, casi el triple de los $615,000 millones que se pagaban en 2018.
Son recursos que comprometen una porción creciente del presupuesto y reducen el margen para atender otras necesidades.
**COLUMNA INTELIGENCIA FINANCIERA GLOBAL**
**POR GUILLERMO BARBA**
México necesita más empresas rentables, más empleos productivos, más inversión y más crecimiento sostenido.
Existe, además, un riesgo fundamental: la tentación de utilizar la inflación para reducir el peso real de las obligaciones públicas. Cuando aumentan los precios, también crece el producto interno bruto (PIB) medido en pesos corrientes. Esto puede hacer que la deuda parezca menor respecto del tamaño de la economía, incluso cuando la producción real crece poco.
Pero no significa que el país sea más rico: el aumento del PIB nominal puede reflejar, en buena medida, precios más altos.
Endeudarse en pesos no genera inflación por sí mismo. Sin embargo, una política fiscal expansiva, combinada con una política monetaria demasiado flexible, puede alimentar presiones sobre los precios.
En ese escenario, el poder adquisitivo de los salarios y los ahorros queda expuesto, sobre todo cuando los rendimientos financieros no compensan el aumento del costo de la vida.
A ello se suman las presiones internacionales sobre los precios de la energía, la inflación estadounidense y las decisiones sobre las tasas de interés de la Reserva Federal, factores que también pueden afectar al peso mexicano.
La combinación de crecimiento débil, mayores cargas fiscales, endeudamiento creciente y nuevas presiones inflacionarias representa un escenario adverso para la inversión y el ahorro.
México necesita más empresas rentables, más empleos productivos, más inversión y más crecimiento sostenido. No debe ver a los contribuyentes formales como una fuente inagotable de recursos, porque no lo son.
Hay un límite a lo que se puede extraer de una economía que crece poco, y seguir elevando las exigencias fiscales puede debilitar a quienes sostienen la actividad productiva.
La pregunta es cuánto tiempo podrá mantenerse esta estrategia sin comprometer las posibilidades de crecimiento del país.
El problema de fondo no es solo cuánto pretende recaudar el gobierno en 2027, sino cómo financiará sus compromisos en los años posteriores. Una deuda creciente exige mayores recursos para su servicio, limita las opciones presupuestarias y puede aumentar las presiones para elevar impuestos o recurrir a políticas que favorezcan la inflación.
¿Quién terminará pagando la montaña de deuda que estamos acumulando?
La deuda pública de hoy representa impuestos futuros, recursos comprometidos y riesgos inflacionarios. De una forma u otra, la factura terminará llegando a nuestros bolsillos. Y esa es una realidad que México no debería seguir ignorando.
Compartir en: