La Fed subió las tasas: aumenta el riesgo de recesión en México
Inteligencia Financiera Global
La Reserva Federal de Estados Unidos subió la semana pasada su tasa de interés en 25 puntos base —es decir, 0.25 por ciento— para llevarla a un rango de entre 3.75 y 4 por ciento.
La decisión puede parecer lógica a primera vista. La inflación continúa por encima del objetivo de 2 por ciento y las presiones sobre los precios han vuelto a aumentar.
Pero una cosa es reconocer que existe un problema inflacionario y otra muy distinta concluir que una subida de tasas es necesariamente la respuesta correcta.
Buena parte de las nuevas presiones no proviene de una economía sobrecalentada ni de un exceso extraordinario de demanda, sino de un choque de oferta provocado principalmente por el conflicto armado en torno al estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más importantes del mundo y por donde circula alrededor de una quinta parte del petróleo global.
La incertidumbre sobre el suministro ha disparado los precios de los energéticos. El diésel en Estados Unidos llegó a superar los $6 dólares por galón y alcanzó máximos históricos.
El problema no termina en las gasolineras.
El diésel mueve camiones, maquinaria agrícola, construcción y buena parte de las cadenas de suministro. Su encarecimiento termina elevando los costos de producción y distribución en toda la economía.
A ello se suma un riesgo todavía poco apreciado: los fertilizantes.
Su producción depende intensamente de la energía y las actuales disrupciones están provocando mayores costos y problemas de disponibilidad. Si esta situación se prolonga, 2027 podría enfrentar una escasez más severa de fertilizantes y fuertes aumentos en sus precios, con consecuencias directas sobre la producción agrícola.
Por eso no debe descartarse incluso el riesgo de una crisis alimentaria el próximo año.
La cadena es sencilla: energía más costosa encarece los fertilizantes; fertilizantes más caros y escasos elevan los costos y pueden reducir la producción agrícola, y una menor oferta de alimentos termina ejerciendo todavía más presión sobre la inflación.
¿Qué puede hacer una subida de tasas para producir más petróleo, más diésel, más fertilizantes o más alimentos?
Prácticamente nada.
Una tasa de interés más alta no produce un solo barril adicional de petróleo, no aumenta la capacidad de refinación, no abre el estrecho de Ormuz ni resuelve las disrupciones provocadas por el conflicto.
La política monetaria actúa principalmente sobre la demanda. Puede encarecer el crédito, moderar el consumo, frenar la inversión y enfriar la actividad económica.
Pero no puede crear oferta.
Ese es precisamente el problema de utilizar una herramienta de demanda para combatir una inflación impulsada en buena medida por restricciones de oferta.
Existe, además, otro aspecto preocupante en la decisión de la Reserva Federal.
Antes de la reunión, los mercados de bonos habían ejercido una fuerte presión sobre la Fed mediante una venta importante de deuda y un aumento de los rendimientos. La expectativa de una política monetaria más restrictiva terminó imponiéndose.
La Fed acabó validando esa presión.
En ese sentido, los mercados doblegaron a la Reserva Federal.
La señal no es menor. Un banco central necesita conservar credibilidad y evitar que los mercados terminen marcando el rumbo de sus decisiones.
La reacción posterior añadió una paradoja.
Después del aumento de tasas, los mercados de riesgo, incluyendo las bolsas de valores, materias primas y criptomonedas, subieron. Incluso el tipo de cambio peso-dólar, que inicialmente se había presionado al alza, terminó descendiendo.
Una decisión restrictiva terminó acompañada de una recuperación generalizada del apetito por riesgo.
Sin embargo, lo realmente importante no es lo ocurrido en una o dos jornadas, sino lo que puede venir después.
Una sola subida de 25 puntos base difícilmente provocará por sí misma un daño económico significativo.
¿Fue una decisión aislada o estamos ante el comienzo de un nuevo ciclo alcista de tasas?
Si la Fed continúa elevándolas para responder a una inflación cuya raíz sigue estando principalmente en la oferta, los riesgos aumentarán considerablemente.
Porque mientras una política monetaria más restrictiva puede hacer muy poco para abaratar el petróleo, el diésel, los fertilizantes o los alimentos, sí puede hacer mucho daño al consumidor.
Puede encarecer las hipotecas, los créditos automotrices y las tarjetas de crédito; elevar el costo de financiamiento de las empresas; frenar inversiones; debilitar el empleo y terminar contrayendo el consumo.
En otras palabras, se corre el riesgo de combatir un choque de oferta, provocando, además, un choque de demanda.
La Reserva Federal se mostró débil ante las presiones del mercado y se arriesga de más.
El potencial de una subida de tasas para corregir la causa original de esta inflación es limitado. Su capacidad para perjudicar al consumidor y desacelerar la economía es, en cambio, mucho mayor.
La clave estará en saber si el incremento de la semana pasada queda como un movimiento aislado o marca el comienzo de un nuevo ciclo.
Si ocurre lo segundo, aumentará de manera importante el riesgo de una recesión en Estados Unidos durante 2027.
Y una recesión estadounidense nunca sería un problema exclusivamente estadounidense.
México está estrechamente vinculado al ciclo económico de su principal socio comercial. Una contracción en Estados Unidos reduciría la demanda de exportaciones mexicanas, afectaría la manufactura, moderaría la inversión y terminaría golpeando el crecimiento nacional.
El problema es que México podría recibir ese impacto precisamente en un momento de fragilidad de sus finanzas públicas, con mayores presiones de gasto, déficits elevados y una deuda que continúa aumentando.
Por eso el verdadero riesgo de la decisión de la Fed no está únicamente en los 25 puntos base aprobados la semana pasada.
Como le digo, está en lo que pueda venir después.
Mientras tanto, esta semana el Banco de México hará público su anuncio de política monetaria y no se anticipan cambios a las tasas de interés.
Más importante será, en cambio, seguir de cerca el Paquete Económico 2027 porque requiere de cirugía mayor para no exprimir más a las empresas vía el ISR.
Sin esa corrección, los caminos se complicarán en la economía mexicana por factores externos e internos que podrían acercarnos, como advertimos aquí, a una recesión que a nadie conviene.
