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Opinión

México fabrica el presente; Nuevo León puede diseñar el futuro

Columna Invitada

México tiene una paradoja que debería encender las alarmas. Somos una potencia manufacturera, tenemos una posición estratégica frente a Estados Unidos, somos protagonistas del nearshoring y contamos con uno de los mayores mercados industriales del mundo. Sin embargo, seguimos muy rezagados en aquello que determinará quién dominará la economía del futuro: ciencia, tecnología e innovación.

México destina apenas alrededor de 0.27% de su PIB a investigación y desarrollo, por debajo de Argentina, con cerca de 0.55%, y Chile, alrededor de 0.36 por ciento. Brasil supera el 1%, mientras que economías como Corea del Sur e Israel rondan el 5 por ciento. El promedio de la OCDE también está muy por encima de México.

El problema no es solamente cuánto dinero se gasta, sino dónde está nuestra estrategia. Un país que no desarrolla tecnología termina comprándola. El que no genera patentes termina pagando regalías. Y el que no forma suficientes científicos, ingenieros y especialistas termina importando talento.

El Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 asignó alrededor de $37,000 millones de pesos al Ramo 38, Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Es un esfuerzo importante, pero todavía insuficiente frente al tamaño de la economía mexicana y frente a la velocidad con la que avanzan la inteligencia artificial, los semiconductores, la robótica, la biotecnología y la automatización.

Aquí está uno de los grandes riesgos del nearshoring: convertirnos en la fábrica de otros sin convertirnos también en el laboratorio de México.

Pero también está una enorme oportunidad, particularmente para Nuevo León.

Monterrey tiene infraestructura industrial, universidades de alto nivel, capital empresarial, talento, cadenas de proveeduría y una ubicación privilegiada frente a Estados Unidos. El T-MEC y el nearshoring pueden convertir a la región en una plataforma extraordinaria para atraer no solamente plantas manufactureras, sino centros de investigación, laboratorios, empresas de inteligencia artificial, semiconductores, software, robótica y capital de riesgo.

Nuevo León puede dar el siguiente salto: pasar de ser uno de los principales motores industriales de México a convertirse en el gran hub tecnológico y de innovación de América Latina.
 
La oportunidad está frente a nosotros. Pero requiere visión, inversión pública y privada, vinculación entre universidades y empresas, formación de talento y una política de Estado que entienda que la innovación no es un gasto: es la infraestructura económica del futuro.

México tiene talento. Tiene mercado. Tiene ubicación y tiene el T-MEC.

Lo que falta es convertir esas ventajas en conocimiento propio.

Porque en la nueva economía, el país que solamente fabrica será proveedor; el que inventa será dueño de la cadena de valor. Y Nuevo León tiene la posibilidad de convertirse en el lugar donde América Latina no solamente produzca el futuro, sino donde también lo diseñe.

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