Es una vacilada, una total mentira, eso que algunos repiten de que “México ahora va a ser considerado país enemigo de los Estados Unidos”.
Ni lo es, ni lo va a ser, y ahora explicaré por qué.
Pero a la gente le gustan las noticias escandalosas, y comparte todo lo que suena alarmante; agréguele a eso que hay grupos dedicados a viralizar mensajes que sirvan para ciertos fines políticos, y ese claramente es uno de ellos.
Lo único cierto es que hubo una declaración de una funcionaria de Donald Trump, la fiscal Pam Bondi —declaración realmente imprudente y como muchas en ese gobierno, meramente populista pero carente de sustento—, que para colmo se interpretó en el más grave de los sentidos, pudiendo tener otros.
Bondi dijo, literalmente: “No nos dejaremos intimidar y mantendremos a Estados Unidos a salvo gracias al liderazgo del presidente Trump. No solo frente a Irán, sino también frente a Rusia, China y México. Frente a cualquier adversario extranjero, ya sea que intente matarnos físicamente o mediante la sobredosis de nuestros hijos con drogas. Haremos todo lo que esté en nuestro poder, gracias a su liderazgo, para mantener a Estados Unidos seguro”.
Bondi se refería, seguramente, al peligro que representa el crimen organizado y el tráfico de drogas hacia su país, pues habla de “mantener a Estados Unidos a salvo” y luego enumera a varios países desde donde, en el imaginario estadounidense, “existen” peligros, aunque por distintos motivos: en el caso de China, por la competencia económica y el fentanilo; en el caso de Irán, por el terrorismo; y en el caso de México, por —como dijimos— el narcotráfico y la migración ilegal.
Pero el enemigo ahí señalado NO es ni el país entero ni su gobierno, sino los entes que ellos tantas veces han señalado y que, en el discurso dominante, son identificados como enemigos comunes de ambos países.
Sin duda, la expresión fue ambigua, y lo más imprudente fue haber enumerado a México al lado de Irán, Rusia y China, además de hacer una mención inmediata sobre “cualquier (otro) adversario extranjero”.
La cuestión, como bien señalan los analistas serios, es que, fuera de esa declaración torpe y claramente populista, NINGUNA ACCIÓN realizada por el gobierno de los Estados Unidos hacia México ha correspondido a un trato de “adversario” o “enemigo”.
Si así fuera, cambiaría de inmediato el tono del embajador y de los cónsules en México, tono que no sólo se mantiene cordial, sino que permanentemente se realizan trabajos y esfuerzos en común.
Los equipos económicos siguen trabajando de la mano, así como los equipos de seguridad.
La Marina y el Ejército comparten información y cooperan con sus equivalentes estadounidenses.
Las ventajas comerciales que el T-MEC le da a los importadores y exportadores mexicanos continúan siendo envidiables para cualquier otro país del mundo, y nada de eso ha cambiado ni cambiará. Salvo, por supuesto, la negociación de los aranceles, que es totalmente un tema de estrategia comercial de Trump, pero no implica en lo más mínimo un cambio de “status” de país “amigo” —somos el socio comercial número UNO de Estados Unidos— a “enemigo”.
Bueno, para muestra, un botón: unos días después de la incendiaria declaración de Bondi, la cónsul estadounidense en Monterrey, Melissa Bishop, se grabó un video que subió a sus redes, donde manifestaba que estaba “emocionada” por el encuentro entre México y Estados Unidos en la Copa Oro, y dijo que le deseaba suerte a AMBOS equipos. Y, en cuanto México ganó, subió un post felicitando a los campeones mexicanos.
¿Haría eso un cónsul de EUA en un país “enemigo” de EUA? ¿Le echaría porras al equipo de futbol del país “enemigo” y lo felicitaría? Por supuesto que no.
México es hoy quizá el aliado más importante de EUA en un sinfín de rubros, porque ambos países se ayudan enormemente a exponenciar sus potencialidades, en especial en el rubro económico e industrial.
México es hoy un importantísimo aliado de EUA para fines prácticos y de actualidad, aunque en términos históricos y de convencionalismos, o incluso en cuestiones bélicas, haya otros aliados como el Reino Unido o Israel.
No está en el panorama de ninguno de los dos países —México o Estados Unidos— el enemistarse.
Que haya muchas cosas que ajustar, para bien de ambos —como meterle control al narcotráfico—, vaya que los hay.
Y ojalá se avance, y mucho.
