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Opinión

México pierde... pero gana

Luz sobre luz

La Selección Mexicana perdió ante Inglaterra y quedó eliminada. Sin embargo, lo que hizo y logró este entregado equipo nos deja un gran sabor de boca.

Pero, más allá de eso, lo que hicimos como mexicanos en este Mundial debería dejarnos a todos sumamente orgullosos.

Llego a pensar que este periodo mundialista podría marcar un antes y un después para los mexicanos... si sabemos aprovecharlo.

Primero, porque fuimos grandes anfitriones. Periodistas y creadores de contenido internacionales se cansaron de afirmar en sus publicaciones y narraciones que el ambiente en la sede mexicana fue insuperable y que México los conquistó con su sociedad alegre, apasionada, festiva, hospitalaria, amistosa y hasta “amorosa” con el turismo.

Pero, además, aprendimos a ver otro México a través de los extranjeros: ellos mismos nos dibujaron un país fascinante, lleno de color, donde observaron un espíritu maravilloso que hasta desafía y sobrepasa su cotidianidad. Se contagiaban de una cultura juguetona que, por donde se le viera, les resultaba un imán. 

Un México que quizá nuestra propia ceguera de taller normalmente nos impide ver. Sólo que esta vez sí lo vimos, y lo vimos con orgullo.

Y vimos también ese “¿Y si sí?”, esa frase tan fabulosa que no sólo juega con la posibilidad de soñar, sino que abre la puerta en la psique mexicana, a vernos desde un mejor lugar. 

Esa frase, me parece, es lo mejor que nos deja el Mundial por numerosas razones.

Para una sociedad que suele verse con dureza, con mucha autocrítica y con un grado de desvalorización, me atrevo a decir, esa frase vino a devolvernos una mejor mirada hacia nosotros mismos.

Y es que, ¿acaso no terminamos siendo lo que creemos de nosotros mismos? La autoestima es como una condición que cuando se alimenta de manera correcta y sin falsas imágenes, sino observando lo que verdaderamente hay de bueno, da automáticamente mejores resultados.

Pero México, malamente, ha sabido autodenigrarse más que impulsarse para poder crecer y reconocerse en ese crecimiento.

Este Mundial, sin embargo, nos da la oportunidad de ver lo fascinante y poderoso de este país, sin exagerar ni pretender lo que no hay, pero sí revalorizando todo lo que ¡sí hay!

En los ojos de los visitantes redescubrimos un país que lo tiene todo, pero, en especial, que tiene un corazón inmenso y una capacidad cada vez más probada para hacer las cosas bien y destacar en el ámbito internacional.

Y algo sumamente importante y bastante inédito en años recientes: los mexicanos nos UNIMOS. Sí, pudimos arremolinarnos en torno a una misma causa, y esa unión demostró ser muy poderosa. 

Quiere decir que nos podríamos unir cada vez que lo deseáramos y seríamos mucho más fuertes.

Por eso, el “¿Y si sí?” debiera ser nuestra nueva filosofía, nuestro recurso para ya no dejar de creer y para ir para arriba como país y como sociedad, en todos los sentidos.

Habremos tenido una derrota en la cancha, pero antes hubo cuatro victorias. 

Y la victoria mayor es ese México que despertó y vio que puede ser más de lo que cree que es.

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