Opinión

México resiste… ahora debe competir

Sección Editorial

  • Por: Carlos Peña
  • 03 Agosto 2026, 00:00

En un momento en el que la economía mundial continúa navegando entre guerras comerciales, conflictos geopolíticos, tasas de interés elevadas y una desaceleración de las principales economías, México acaba de enviar un mensaje que pocos esperaban: la economía sigue creciendo.

El Producto Interno Bruto registró un avance de 1.5% trimestral y 2.1% anual, un resultado que sorprendió positivamente a los mercados y que confirma que México mantiene una capacidad de resiliencia superior a la de muchas economías emergentes. No es un dato menor. Mientras Europa enfrenta un crecimiento prácticamente estancado y China continúa ajustando su modelo económico, México comienza a consolidarse como uno de los países con mayor potencial estratégico del continente.

Pero el verdadero significado de este crecimiento va mucho más allá de las cifras. Estamos presenciando una reconfiguración del mapa económico global.

La rivalidad entre Estados Unidos y China está modificando las cadenas mundiales de suministro. La seguridad nacional ha desplazado a la simple eficiencia de costos. Hoy, las empresas buscan producir cerca de sus mercados de consumo, reducir riesgos logísticos y garantizar estabilidad en sus operaciones. En ese nuevo tablero, México juega una posición privilegiada.

El nearshoring dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. La frontera más dinámica del mundo, una sólida plataforma manufacturera, tratados comerciales con más de 50 países y una fuerza laboral altamente especializada colocan al país en una posición difícil de replicar. Estados como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro ya compiten por inversiones multimillonarias en sectores como semiconductores, electromovilidad, inteligencia artificial, centros de datos y dispositivos médicos.

Sin embargo, el crecimiento del PIB también debe interpretarse con cautela. No basta con crecer; hay que transformar ese crecimiento en desarrollo. Persisten desafíos estructurales que podrían limitar esta oportunidad histórica: infraestructura energética insuficiente, disponibilidad de agua, seguridad, Estado de derecho, productividad y formación de talento especializado.

La geopolítica seguirá redefiniendo la economía durante la próxima década. Las tensiones entre Washington y Pekín, la transición energética, la carrera tecnológica y la reorganización de las cadenas de suministro seguirán favoreciendo a los países que ofrezcan certidumbre para invertir. La competencia ya no será únicamente por exportar más, sino por atraer industrias estratégicas que generen innovación, empleos de alto valor y desarrollo regional.

México tiene hoy una ventana de oportunidad que difícilmente volverá a repetirse. El crecimiento reciente del PIB demuestra que existen fundamentos sólidos, pero también deja claro que el tiempo juega en contra. Otros países también buscan captar esas inversiones y avanzar en la nueva economía global.

La historia económica demuestra que las grandes transformaciones no ocurren por casualidad, sino por decisiones estratégicas. México ya tiene la ubicación geográfica, el mercado, el talento y la integración comercial. Lo que falta es convertir esas ventajas en una política de Estado de largo plazo.

El crecimiento de hoy es una buena noticia. La competitividad de los próximos veinte años será la verdadera prueba. Ahí se definirá si México aprovecha el nuevo orden económico mundial o simplemente observa cómo la oportunidad pasa de largo.

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