Un error de Morena puede salirle muy caro en Nuevo León. Ese partido ha impuesto reglas para el proceso que definirá a los coordinadores de los Comités de Defensa en los 17 estados que renovarán gubernatura en 2027.
En Nuevo León se registraron Clara Luz Flores, Andrés Mijes, Judith Díaz, Tatiana Clouthier, Waldo Fernández y Felipe de Jesús Cantú.
Ya se sabe que la dirigente nacional, Ariadna Montiel, les informó que habrá dos encuestas para elegir al ganador. La primera, casa por casa (para cribar competidores), y la segunda telefónica (la definitiva). ¿Cuándo se hará cada encuesta? Siguen pendientes las fechas.
Hasta aquí todo bien.
Lo que desentona es la prohibición de las críticas públicas entre aspirantes, el veto al “golpeteo” y la exigencia de privilegiar, por encima de cualquier cosa, la unidad anticipada.
Montiel les pidió “no calentarse”, “no ofenderse” y evitar los “golpeteos debajo de la mesa”.
La contienda formal estará muy cerrada. La identificación partidista en Nuevo León ronda entre el 26% y el 31% para Morena, y entre el 25% y el 27% para Movimiento Ciudadano.
Entonces, la selección de un coordinador —que se convertirá en el candidato a gobernador de Nuevo León— dependerá de los contrastes entre perfiles.
Entiendo la idea de Montiel: evitar que la interna deje heridas que después cuesten votos en un estado competitivo.
Pero sin un debate abierto y genuino sobre trayectorias, resultados de gobierno, debilidades y diferencias, las encuestas internas terminarán midiendo cualquier cosa menos capacidad de gobernar, resiliencia, habilidad para negociar, carisma o temple.
En las primarias de la mayoría de los países occidentales, las internas son ring de boxeo y, ya designado el candidato formal, todos se alinean. Incluso rivales irreconciliables entierran las hachas y fuman la pipa de la paz.
Por eso el candidato emergente de un proceso competitivo llega con más claridad de sus límites y alcances personales. Es lo que en narrativa se conoce como “el camino del héroe”.
La unidad se construye después de la definición, no se impone antes.
Peor en Nuevo León, que no es precisamente un bastión de la 4T: es territorio de disputa real.
El “fuego amigo” puede dañar, pero el silencio obligado y la censura disfrazada de respeto daña más: elige candidato opaco y alienta una oposición más dispuesta a atacar las vulnerabilidades que el propio partido se negó a discutir. La guerra sucia es otra cosa.
La prohibición de criticar a los rivales internos no es una defensa de la unidad; es renunciar al método correcto que tienen las asambleas para seleccionar líderes: el contraste abierto.
