Muñoz Cano y Katalyna: el café pendiente
Sección Editorial
- Por: Protágoras Tamaulipeco
- 24 Agosto 2026, 04:50
Vamos a hablar claro, porque lo que le pasó a Manuel Muñoz Cano, dirigente del Partido Verde en Tamaulipas, no es un trámite ni una travesura: quedó inscrito en el Padrón Nacional de Personas Sancionadas por Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género...
Después de la queja que le ganó la diputada Katalyna Méndez, y aunque legalmente ya libró —ofreció disculpas públicas porque la autoridad se lo ordenó y puede seguir compitiendo—, la autoridad moral no se repone con un post.
Y aquí va el punto ciego que casi nadie está mirando: el golpe no es solo a Muñoz Cano, es al cuento que el Verde vendía en Tamaulipas, ese de “vamos solos en 2027, tenemos estructura, Maki Ortiz es nuestra carta a la gubernatura en 2028”, porque esa decisión jamás pasó por el escritorio de Manuel ni por el de Eugenio Hernández, sino por la dirigencia nacional del Verde y sus acuerdos con Morena; la sanción nada más le quitó el maquillaje al discurso.
Pero hay un segundo punto ciego, y este sí que casi nadie lo está diciendo: en este pleito tampoco gana Katalyna Méndez tanto como parece, porque ganar en tribunales deja un resabio, y en Tamaulipas todos sabemos cómo opera el “tú me fregaste, yo te meto el pie” cuando llegan las campañas y hay que repartir candidaturas, y ella también va a necesitar votos, aliados y una mesa donde sentarse.
Por eso me atrevo a proponer algo que en la política de acá suena casi a herejía: que crucen pláticas, que se sienten, que hagan las paces de verdad y no por instrucción de un tribunal, porque una disculpa obligada cierra un expediente, pero no cierra una herida, mientras que una conversación de frente, sin cámaras y sin comunicados, sí puede cerrar las dos. Y ojo, no es cursilería, es cálculo político sano: a Muñoz Cano le devolvería algo del piso moral que perdió y le enseñaría, ojalá, que el respeto no es una concesión, sino la manera decente de mandar; y a Katalyna Méndez la colocaría donde muy pocas se atreven a pararse, ya no como la que cobró la factura, sino como la que puso el límite y luego tendió la mano, que es una estatura política bastante mayor.
Al final, un padrón no arruina carreras, las retrata, y lo que estos dos hagan de aquí en adelante va a retratarlos todavía más; ojalá escojan el camino difícil, que es sentarse, mirarse y crecer los dos, en vez del cómodo, que es cobrársela en el 2027.
Pancardo jura que no hay celulares
Fíjese qué casualidad, porque en dos días seguidos, en dos estados distintos, se dijo casi la misma frase, y no valen lo mismo. El 18 de agosto, Samuel García, gobernador de Nuevo León, presentó su nuevo sistema penitenciario ante la Comisión de Seguridad y Justicia del Consejo Nuevo León, que preside Óscar Rocha Dabrowski, y ahí soltó que hay cero extorsiones desde los penales, con inhibidores, con la Nueva Fuerza Civil de Gerardo Escamilla adentro, y con un dato discutible: 8,721 espacios para unas 8,600 personas.
Al día siguiente, aquí, el general Carlos Arturo Pancardo Escudero, secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas, dijo lo mismo —revisiones mensuales, inhibidores, ni un indicio de celulares— pero se lo dijo a los reporteros, después de que la diputada Mercedes del Carmen Guillén Vicente pusiera el tema sobre la mesa… Y ahí está el punto ciego que nadie está viendo: no es que en Nuevo León mientan menos, es que allá la afirmación se suelta frente a un consejo ciudadano que puede contradecirla, y acá se suelta frente a un micrófono que no repregunta.
En el gobierno de Américo Villarreal Anaya presumen el salto del lugar 32 al 15 en el diagnóstico penitenciario de la CNDH, y qué bueno, pero ese diagnóstico califica expedientes, cocinas, condiciones… no califica quién manda en el patio, y de eso nadie levanta acta.
Que se lo pregunten a los doce sentenciados por extorsionar desde el CEDES de Reynosa. La pregunta incómoda: ¿quién audita al que se audita solo?
¡¡ Yássas !!
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