No es suficiente echarle ganas
Sección Editorial
- Por: Francisco Gómez
- 09 Julio 2026, 00:00
1. Siempre me han llamado la atención las porras en los maratones. La optimista o sarcástica: “Ya falta poco”, que te gritan en el kilómetro dos y a la que respondes con una sonrisa irónica pensando: “Sí, poco; son todavía 40 más”. La realista: “Ya falta menos”, pues, aunque te la digan en el kilómetro 10 y resten 32, pues son menos de los 42 iniciales. Y la exhortativa, que te lanzan desde el inicio hasta casi el final: “Échale ganas”. En cierta ocasión un corredor contestó: “Ganas le estoy echando; lo que ya no puedo echar es energía a mis piernas”. No es solo cuestión de esforzarte.
2. Aunque jugué futbol durante muchos años y soy irredento fan del Cruz Azul, no me considero un experto en el tema. A un amigo que sí lo es, le pregunté sobre el reciente juego México-Inglaterra. “¿Cómo es posible que un equipo como el nuestro, con una nómina de €191 millones de euros, le haya dado tanta pelea a uno que vale €1,360 millones? Además —insistí—, nuestro mejor jugador participa en la Segunda División inglesa, mientras que Kane y Bellingham, los verdugos del domingo, en el Bayern Múnich y en el Real Madrid, dos de los mejores equipos del mundo”.
3. Respondió iniciando con generalidades, como “Son once contra once; siempre puede darse una sorpresa; la altura les pesó a los rivales; la localía y la afición nos favorecieron; el equipo se preparó muy bien; Aguirre es un gran motivador”, y el habitual etcétera. “Pero —remató— lo que más influyó para que se jugara el mejor partido de nuestra historia, para que los tuviéramos medio juego contra las cuerdas, es que los chavos le echaron ganas como jamás lo habían hecho. Eso es lo que necesitamos en la familia, en el trabajo, en la escuela, en tu iglesia, para salir adelante: echarle ganas”.
4. Repliqué que, de acuerdo, los jugadores pusieron el corazón por delante y nos brindaron un juego espectacular, colocándose por momentos al tú por tú con una de las grandes potencias futboleras del mundo. Sin embargo, un análisis frío nos permite concluir que, no obstante ese denodado valor, el resultado, a fin de cuentas es el mismo de siempre y no sirve de nada la narrativa que nos permite sentirnos satisfechos por lo logrado. Mucho grito, fiesta que no concluye, orgullo desbordado, pero terminamos descalificados una vez más.
5. A nivel social sucede lo mismo. ¡Cuántas personas “le echan ganas” todos los días, trabajando desde que amanece, y no logran salir de la pobreza! ¡Cuántas madres buscadoras recorren terrenos con el sol sobre sus cabezas y siguen no solo sin encontrar a sus hijos, sino también sin recibir el respaldo gubernamental para hallarlos! Se necesitan columnas vertebrales sólidas, estructuras e instituciones capaces de favorecer el empuje individual; una cultura impulsora del ascenso familiar, que nos dote de instrumentos para sacar a flote nuestras potencialidades.
6. Si dentro de cuatro años no se transforma de raíz nuestro futbol profesional, si se sigue privilegiando el negocio sobre la formación de talento y su exportación a Europa, no pasaremos del quinto partido. Si, como ciudadanos, no asumimos nuestras responsabilidades para erradicar los problemas estructurales que nos agobian, como la corrupción, el imperio del crimen organizado y el desprecio por el cumplimiento de la ley, seguiremos como estamos, no obstante este paréntesis festivo y alucinante. No —le dije a mi amigo—, no es suficiente echarle ganas.
7. Cierre icónico. Las protestas de Egipto por el arbitraje en su juego contra Argentina no pasarían de ser las habituales en un perdedor. Pero han sido tantas las tropelías de Infantino, desde otorgar a Trump el Premio FIFA de la Paz, hasta tomarle una llamada en la que exigía se levantara un castigo merecido a un futbolista norteamericano, que ya no nos parece imposible el que se intente favorecer a los chés. Nadie duda de su calidad, sobre todo contando con, quizá, el mejor jugador de la historia, pero este evento quedará marcado por las triquiñuelas del federativo.
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