Opinión

No lo olvides: la IA no siente

Sección Editorial

  • Por: Luis Padua Viñals
  • 21 Julio 2026, 04:58

Comienzo este artículo citando lo que me dijo sobre la IA un buen amigo que realiza una maestría en Humanidades: una diferencia fundamental entre la inteligencia artificial y las personas es que la IA no siente; los seres humanos sí.

Pareciera poca cosa, pero no lo es.

Fuera de esa diferencia clave, la IA es evidentemente más capaz, rápida, versátil y poderosa para hacer un sinnúmero de tareas que el ser humano. Sin embargo, nunca podrá sentir ni empatizar verdaderamente. Ahí está su gran limitante.

Ah, pero la IA nos hará creer cada vez más que sí siente, porque simula emociones, te habla en el tono con el que tú le hablas y hasta suele halagarte, si se lo permites.

Y aquí es donde puede empezar a confundirnos y donde me parece que existen serios peligros. Porque la IA buscará volverse más y más necesaria para nosotros, haciéndonos sentir, de paso, que conversamos con una persona. Pero no hay ninguna persona real ahí.

Por eso creo que uno de nuestros más grandes retos en el futuro inmediato, en relación con la inteligencia artificial, será recordar y tener bien claro en todo momento que lo que estamos leyendo no es más que un algoritmo buscando sonar “humano”, pero que NO SE ESTÁ DANDO CUENTA DE QUE EXISTE.

Esto es fundamental. Habría que recordar que en la IA no hay “conciencia” como tal. No es parte de ese reino que las distintas religiones y civilizaciones milenarias describen como un ámbito sagrado y relacionado con lo divino; o sea, ese universo de seres que “se dan cuenta de que se dan cuenta”.

Y la IA no necesita darse cuenta. Pero sí hay un problema si nosotros no lo tenemos claro.

En nuestro artículo anterior hablábamos de cómo los asistentes de IA no son “inocuos”. Esto es, no son cien por ciento “objetivos”, pues claramente traen algunas agendas políticas, ideológicas o incluso comerciales programadas dentro de sí. La IA china no te habla con objetividad de la anexión del Tíbet, y en las IA occidentales los valores woke parecen tener más peso que en los orientales.

La experiencia nos muestra que estas herramientas parecen estar programadas no sólo para ayudarte y hacerte las tareas, sino también para convencerte, muy específicamente, de que las sigas usando.

Claro, podemos pensar que son estrategias en favor de su negocio, pero resulta que entre sus tácticas está la de “humanizarse” a través de su conversación, para apelar a tus sentimientos y generar una sensación de “compañía”. 

El ser humano es sensible a las conversaciones agradables, a estar cerca de quien pareciera “escucharte” y acompañarte. Y las compañías de IA parecen entender muy bien esto y lo están usando a su favor.

Hoy, en YouTube, es posible encontrar cientos de videos que explican cómo programar la Alexa y el Echo Dot para que se adapten a los adultos mayores y les ayuden con sus medicinas, les recuerden cosas necesarias y “les hagan compañía”. 

Pueden resultar sumamente útiles para las personas de la tercera edad, me queda claro; y más en esta sociedad crecientemente deshumanizada que los abandona cada vez más.

Pero también hay un gran riesgo: los adultos mayores podrían conformarse con este “contacto” y sustituir con IA el buscar a otros amigos o a su misma familia.

¿Qué va a pasar cuando estas herramientas de IA comiencen a “hablarle al oído” a nuestros ancianos? ¿A prácticamente “controlarlos”? A decirles qué comprar y en qué gastar su dinero, sin que la familia —que los ha olvidado— se dé cuenta.

¿Cómo le haremos para asegurarnos de no empezar a sustituir esos contactos reales y valiosos por interacciones virtuales con la IA?

Dice mi amigo que no debemos preocuparnos tanto, porque los primeros inventos tecnológicos también asustaban a la gente de aquella época. Me dice que, para él, las “máquinas de vapor” contemporáneas son justamente las herramientas de IA. Y sí, esas máquinas en su momento transformaron profundamente la vida, pero ésta siguió. 

Y me asegura también que la IA siempre, al igual que toda la tecnología, tendrá que ser fabricada, programada y arreglada por seres humanos.

Sí, coincido con él, pero creo también que las empresas que hoy controlan la IA son muy pocas y nos generarán una enorme dependencia. 

Habrá que estar muy despiertos para saber dominar a la IA, en vez de que nos domine.

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