La memoria colectiva suele ser corta, pero los estragos de la sequía de hace dos años siguen grabados en el paisaje de nuestra ciudad. Basta caminar por la Alameda o la Purísima para recordar que, ante la escasez, lo primero que sacrificamos fue nuestro patrimonio verde: árboles centenarios que murieron por falta de riego ante la prohibición de usar agua potable. Hoy, el “combo perfecto” para una nueva crisis hídrica se está gestando frente a nuestros ojos, y no es alarmismo: es aritmética básica.
Estamos entrando a un verano que los expertos anticipan como uno de los más calurosos de la historia, mientras los niveles de la presa El Cuchillo descienden peligrosamente debido a las entregas para el cumplimiento del tratado internacional de aguas. A esto se suma una demanda que no da tregua: el crecimiento acelerado de vivienda, las fugas metropolitanas y la llegada de inversiones de alta tecnología que requieren millones de metros cúbicos para operar.
Si no tomamos previsiones hoy, el colapso no será una posibilidad, sino un destino.
La apuesta por la innovación
El Estado debe volcarse por completo a los proyectos de Agua y Drenaje de Monterrey. La gran apuesta tiene que ser la circularidad:
• Plantas tratadoras y presas de agua tratada: No podemos seguir dependiendo exclusivamente de la lluvia. La creación de infraestructura para el reúso potable y no potable es la única vía para garantizar, por ejemplo, que las intensas campañas de reforestación urbana sobrevivan sin comprometer el consumo humano.
• Detección de fugas: Es vital fortalecer alianzas como la que se tiene con el FAMM para modernizar la red y detener el desperdicio invisible en las tuberías metropolitanas.
La crisis hídrica es indivisible de la ambiental. Ha pasado un mes desde que la Caintra recordó a la Presidencia la urgencia del inventario de fuentes contaminantes. Aunque existe el compromiso de revisarlo con la UNAM en las próximas semanas, Nuevo León no puede seguir esperando diagnósticos mientras respira veneno.
Necesitamos, con la misma urgencia, un inventario de fuentes consumidoras de agua. Es fundamental transparentar quién usa agua potable, quién tratada y bajo qué condiciones la Conagua autoriza las descargas. Solo con datos reales podremos exigir a la industria inversiones sustentables que mejoren sus procesos y reduzcan su huella hídrica y atmosférica.
Las proyecciones del Inegi son claras: para 2030 seremos 10 millones de habitantes. Si hoy no logramos administrar correctamente el agua y mitigar la contaminación, las posibilidades de construir un futuro viable se anulan. Estamos agotando los ecosistemas que sostienen nuestra vida.
De cara al proceso electoral de 2027, el perfil de quienes aspiren a dirigirnos debe ser el de personas con visión técnica y voluntad política, no de improvisación. El liderazgo que Nuevo León necesita debe tener una ruta clara para que nuestra calidad de vida no solo sobreviva, sino que prospere.
No estamos ante una advertencia exagerada, sino ante un último llamado a la acción. En el Nuevo León del futuro, el agua y el aire limpio no pueden ser lujos; deben ser el resultado de una gestión estatal impecable.
