Opinión

Nuevo León debe gobernarse desde el territorio

Sección Editorial

  • Por: Clara Luz Flores Carrales
  • 01 Septiembre 2026, 00:00

Hay una idea que atraviesa el documental de la presidenta Claudia Sheinbaum, “Con el pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Gobierno de territorio”, que vale la pena mirar también desde Nuevo León: un gobierno difícilmente puede transformar aquello que no conoce y mucho menos aquello que no está dispuesto a escuchar.

La Presidenta plantea una diferencia que considero fundamental: no se trata solamente de generar oportunidades, sino de garantizar acceso a derechos. 

Y detrás de eso hay una manera distinta de entender el servicio público. La educación, la salud, la vivienda, la seguridad o el bienestar no deben verse solo como apoyos que eventualmente llegan a las personas, sino como derechos que deben poder ejercerse con dignidad.

Eso adquiere un significado especial cuando hablamos de un estado tan diverso como Nuevo León.

Porque Nuevo León no es una sola realidad. Está la gran zona metropolitana, pero también están los municipios rurales, las comunidades alejadas, las regiones productivas, las zonas fronterizas y aquellas localidades que durante años han reclamado mayor atención. 

Cada una tiene necesidades distintas y, por lo mismo, necesita ser escuchada desde su propia realidad.

Para conocer esa realidad hay que recorrerla.

Y, en ese sentido, mi experiencia con La Gira de la Verdad me permitió recorrer municipios y comunidades de todo el estado —en 77 días recorrimos Nuevo León en dos ocasiones— para escuchar directamente a las y los nuevoleoneses, conocer sus preocupaciones y recoger de primera mano aquello que muchas veces no aparece en los informes ni en las estadísticas.

Hay una diferencia enorme entre recibir un reporte que dice que existe un problema y sentarse frente a la persona que lo vive todos los días.

Quien recorre el territorio escucha al padre de familia preocupado por la seguridad de sus hijos; a quien enfrenta dificultades para trasladarse a su trabajo; a quien espera mejores servicios; al productor que busca condiciones para seguir trabajando; a los jóvenes que quieren oportunidades sin tener que abandonar su comunidad. 

Y también escucha algo que suele perderse cuando la política se hace desde lejos: la gente no solamente habla de lo que le duele, también sabe perfectamente qué necesita para salir adelante.

Por eso, la cercanía no puede ser solamente una característica personal de quien aspira a gobernar. Tiene que convertirse en una forma de ejercer el gobierno.

En el documental de la Presidenta hay precisamente una reivindicación del territorio como espacio donde se encuentran las respuestas. No basta con diseñar políticas públicas; hay que saber cómo aterrizan en la vida cotidiana. No basta con anunciar una inversión; hay que saber qué cambia para una familia. No basta con hablar de derechos; hay que garantizar que puedan ejercerse.

Cuando una persona cuenta su historia, deja de ser una cifra. Cuando una comunidad plantea una necesidad, deja de ser solamente una región en el mapa. Y cuando cientos de voces coinciden en una misma preocupación, se vuelve evidente que hay asuntos que requieren decisiones y soluciones.

Nuevo León tiene enormes fortalezas. Somos un estado acostumbrado a trabajar, a emprender, a producir y a salir adelante. Pero precisamente por esa fortaleza tampoco podemos acostumbrarnos a que haya comunidades que tengan que resolver solas problemas que requieren una respuesta institucional.

La discusión sobre el futuro del estado tendría que partir de ahí: ¿cómo hacemos que los beneficios del desarrollo lleguen a todas las regiones?, ¿cómo garantizamos derechos sin importar dónde viva una persona?, ¿cómo acercamos el gobierno a quienes durante años han sentido que las decisiones se toman demasiado lejos?

La visión de la Cuarta Transformación coloca en el centro justamente esa idea: que el gobierno debe estar al servicio de las personas y que el bienestar no debe entenderse como un privilegio, sino como parte de los derechos que corresponden a todas y todos.

Para Nuevo León, llevar esa visión al territorio implica algo muy concreto: conocer el estado completo, no solamente sus zonas más visibles; escuchar a sus habitantes y convertir esas voces en prioridades.

Ahí es donde la experiencia de una persona que ha recorrido el estado cobra relevancia. 

La Gira de la Verdad no solamente me permitió conocer problemas, sino también escuchar historias, identificar coincidencias y reconocer que detrás de cada región existen necesidades y aspiraciones particulares.

La cercanía sirve cuando se transforma en conocimiento, y el conocimiento solamente adquiere sentido cuando se convierte en soluciones.

Gobernar desde el territorio significa caminar antes de decidir. Escuchar antes de hablar. Entender antes de prometer.

Significa reconocer que Nuevo León no puede pensarse únicamente desde un escritorio en Monterrey.

La transformación, al final, no se trata solamente de grandes obras, cifras o discursos. También está en que una persona pueda sentir que su gobierno la ve, la escucha y reconoce que tiene derechos.

Por eso, el mensaje del documental de la Dra. Claudia Sheinbaum encuentra eco en una discusión que Nuevo León necesita tener: cómo construir un gobierno que esté presente en todo el territorio y no solamente en los lugares donde resulta más fácil estar.

Conocer Nuevo León es recorrerlo.

Pero entenderlo de verdad significa escuchar a su gente y tener la voluntad de transformar aquello que hoy todavía puede y debe cambiar.

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