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Opinión

Novatos vs Expertos. Parte 2

Columna Invitada

La pregunta macroeconómica. Más allá de las profesiones individuales, la inteligencia artificial plantea una pregunta económica de gran escala. ¿Cuántos empleos cambiarán realmente?

Algunas estimaciones sugieren que el impacto podría ser considerable. Diversos análisis indican que la inteligencia artificial generativa podría automatizar hasta una cuarta parte de las horas de trabajo en economías avanzadas, especialmente en sectores administrativos, legales y financieros.

Al mismo tiempo, organismos internacionales han señalado que alrededor de 40% de los empleos globales podrían verse afectados de alguna manera por la inteligencia artificial5.

Sin embargo, no todos interpretan estas cifras como una señal de crisis.

El empresario y excandidato presidencial estadounidense Andrew Yang6 ha argumentado que el verdadero desafío será rediseñar las políticas públicas para una economía en la que la productividad tecnológica crece más rápido que el empleo tradicional.

Yang ha propuesto, por ejemplo, repensar los sistemas fiscales para que una parte del valor generado por la automatización se redistribuya hacia la sociedad. Históricamente, las revoluciones tecnológicas han destruido algunos trabajos, pero también han creado otros nuevos.

La diferencia esta vez podría ser la velocidad del cambio.

La nueva jerarquía de habilidades

Si la inteligencia artificial se integra de manera generalizada en los flujos de trabajo profesionales, la naturaleza misma de la experiencia podría cambiar. Ya comienzan a observarse algunos patrones.

Primero, la capacidad de estructurar problemas para sistemas de inteligencia artificial —lo que muchos llaman prompt engineering—, se vuelve una habilidad clave.

Segundo, el valor del criterio estratégico y la toma de decisiones aumenta a medida que las tareas analíticas rutinarias se automatizan.

Tercero, crece la importancia del pensamiento interdisciplinario, ya que las herramientas de IA operan a través de múltiples dominios del conocimiento.

En este contexto, podría emerger una nueva estructura profesional: un número más reducido de expertos altamente capacitados supervisando sistemas automatizados capaces de ejecutar tareas a gran escala.

Un nuevo contrato social

Cada revolución tecnológica redefine el contrato social que organiza la economía.

Durante siglos, el sistema educativo se construyó alrededor de una premisa sencilla: las personas adquieren conocimiento y lo aplican en su trabajo.

Pero si la inteligencia artificial puede acceder instantáneamente a enormes volúmenes de información, el valor del conocimiento memorizado disminuye. Lo que gana importancia son las habilidades que las máquinas todavía no dominan: pensamiento crítico, ética, comunicación humana, visión estratégica.

Las universidades, las empresas y los gobiernos probablemente tendrán que replantear cómo se forman los profesionales en este nuevo entorno. La educación continua, la reconversión laboral y la colaboración entre humanos y máquinas podrían convertirse en elementos centrales de la economía del futuro.

Una transformación más profunda de lo que parece

El debate público sobre inteligencia artificial suele concentrarse en una pregunta aparentemente simple: ¿Las máquinas reemplazarán a las personas? La evidencia sugiere una respuesta más compleja.

La inteligencia artificial no solo está automatizando tareas. Está reorganizando la estructura del conocimiento humano. Profesiones que durante décadas dependieron de la escasez de información ahora operan en un mundo en el cual el análisis puede generarse casi instantáneamente.

Este cambio promete enormes ganancias de productividad. Pero también plantea interrogantes profundos sobre el trabajo, la educación y la distribución del poder económico.

En ese sentido, la verdadera disrupción de la inteligencia artificial quizá no sea tecnológica. Podría ser institucional y social. Y como muestra el experimento descrito por Shapiro, estoy seguro de que el futuro del trabajo pertenecerá no a quienes teman a la inteligencia artificial, sino a quienes aprendamos a trabajar con ella.

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