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Opinión

Gattás contra la mordida

Protágoras

Hay lugares donde el ciudadano y el poder se miran a los ojos. Uno de ellos es el filtro del alcoholímetro, a medianoche, cuando el conductor baja la ventanilla y reza para que la prueba no se vuelva negociación. 

Ahí, en la Calzada Luis Caballero, apareció el sábado Eduardo Gattás. El gesto se entiende: pocas cosas pegan tan duro como sentirse extorsionado por quien debería cuidarte. El alcalde lo sabe y le quitó el micrófono al agraviado para hablar por él. 

Pero conviene leer la letra chica. Gattás aclara que él no nombra al director de Tránsito, en la capital esa ficha la mueve el estado, aunque sí puede dar de baja y denunciar.

Traducción: la culpa es de otro, el mérito es mío. Cómodo lugar. Y un detalle que pocos dicen fuerte: municipio y estado son del mismo partido. Esto no es la oposición destapando abusos; es Morena marcándole la cancha a Morena. 

¿Operativo preventivo o spot de campaña permanente? Ojalá lo primero. Porque el ciudadano no pide fotos el fin de semana: pide que en ese filtro deje de cobrarse la mordida.

MORENA 2027: EL QUE QUIERA VOLAR, QUE SUELTE LA RAMA 

En política existe una diferencia enorme entre cerrar la puerta y dejarla entreabierta. Eso, ni más ni menos, es lo que está en juego con el anuncio de Rómulo Pérez Sánchez, presidente del Consejo Estatal de Morena: quien aspire a una candidatura en 2027 y ocupe un cargo público ya sea alcalde, diputado local o federal, tendrá que despedirse de su silla. 

Pero cuidado con la letra chiquita, ya que una cosa es pedir licencia y otra, muy distinta, renunciar. La licencia es como rentar tu casa mientras te vas de viaje: si la aventura no resulta, regresas y todo sigue igual. La renuncia es vender la casa: te lanzas sin red y, si pierdes, te quedas sin nada. ¿Adivinen cuál preferirá la mayoría? 

Aquí aparece el primer punto ciego. Pérez Sánchez asegura que todo son “dimes y diretes” porque la convocatoria aún no sale… y, sin embargo, ya está adelantando reglas. ¿En qué quedamos? O no se sabe nada, o ya se sabe lo suficiente para empezar a mover fichas. 

El segundo: nadie quiere dar números. “Es muy complicado tener un estimado”, dice. Por supuesto que lo es. Soltar una cifra obligaría a los ambiciosos a mostrar sus cartas, y en este póker nadie enseña la mano antes de tiempo. 

Y el tercero, mi favorito: el clásico “no hay que comer ansias”. Lo repiten mientras, debajo de la mesa, ya todos calientan motores. La convocatoria de agosto y septiembre será la pistola de salida; los corredores ya están inclinados sobre la línea. Al final, la pregunta no es quién aspira. Es quién se atreve a renunciar de verdad… y quién solo pedirá permiso para volver corriendo si las cosas salen mal.

¡¡Yássas!!

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