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Opinión

El nuevo cerebro de la movilidad

Columna Invitada

Durante décadas, Nuevo León creció a una velocidad extraordinaria. Llegaron más empresas, más inversiones y más oportunidades. Pero mientras la ciudad avanzaba, la infraestructura para movernos se quedó atrás.

Este problema no es reciente. A finales de los noventa y principios de siglo pasamos por la misma situación. Como respuesta, se creó el Sistema Integral de Tránsito Metropolitano (Sintram), encargado de monitorear con tecnología nuestras calles para sincronizar de manera inteligente los semáforos en intersecciones y evitar que se generara tráfico en la ciudad.

Sin embargo, eso fue hace casi tres décadas, cuando circulaban menos de un millón de vehículos en nuestro estado; hoy, el parque vehicular es de más de 2.5 millones. Al mismo tiempo, la población prácticamente se triplicó y el área metropolitana pasó de siete a 18 municipios.

Mientras tanto, en Nuevo León las avenidas seguían siendo las mismas, las líneas del Metro eran las mismas, los camiones eran los mismos y la tecnología del Sintram seguía dependiendo de las mismas computadoras, pantallas y fibra óptica del siglo pasado.

Por eso, para 2020 la movilidad se convirtió en uno de los grandes desafíos de Nuevo León, y la respuesta no podía ser seguir haciendo más de lo mismo. Necesitábamos un plan que atendiera todos los frentes: más transporte público, más espacios para las personas y más tecnología para coordinar todo el sistema.

Bajo esa lógica nace el nuevo Centro de Monitoreo de Movilidad en el Cuartel General de la Nueva Fuerza Civil, el nuevo cerebro operativo de la movilidad metropolitana.

Por primera vez, el Sintram —hoy completamente renovado con nueva tecnología y con nuevas intersecciones para ampliar la cobertura—, el Instituto de Movilidad y Accesibilidad (IMA) y Metrorrey trabajarán de manera coordinada bajo un mismo techo.

Desde aquí se supervisará en tiempo real la red de semáforos del área metropolitana, la operación de los trenes y las estaciones de las líneas del Metro, así como los miles de nuevos camiones que se incorporan al sistema, para monitorear sus recorridos, horas de salida, tiempos de trayecto y cámaras de seguridad.

Toda esta tecnología permitirá tomar mejores decisiones, reaccionar más rápido ante incidentes y hacer más eficiente el desplazamiento diario de millones de personas.

Pero más allá de las pantallas, el software o la fibra óptica, el mayor valor de este proyecto está en el tiempo que le devolvemos a los neoleoneses en su día a día. Cada minuto que logramos ahorrar en un traslado es un minuto más para convivir con nuestros hijos, practicar deporte, descansar o simplemente disfrutar de la ciudad.

Ese debe ser el objetivo final de cualquier política pública: mejorar la calidad de vida de las personas. Porque las ciudades más exitosas del mundo no son las que crecen más rápido, sino las que aprenden a crecer con orden e inteligencia.

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