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Opinión

Nuevo León, parolín y la IA

Presente y futuro

La presencia en México del Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano y principal colaborador del Papa León XIV.

Nos ofrece una oportunidad para detenernos un momento y preguntarnos algo que en Nuevo León deberíamos tener siempre presente: ¿hacia dónde queremos llevar el crecimiento de nuestro estado y qué lugar ocupa la persona en ese futuro?

El Cardenal Parolin sostuvo un encuentro con la Presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, donde hablaron de algunos de los grandes desafíos que enfrenta hoy la humanidad, como la paz, la fraternidad, la solidaridad, la atención a las personas más vulnerables y también el impacto que tendrá la inteligencia artificial en nuestras vidas.

La Presidenta lo expresó con claridad al referirse a Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV, que plantea que el desarrollo de la inteligencia artificial debe estar acompañado de criterios éticos, dignidad humana, justicia y responsabilidad compartida, para que sus beneficios estén verdaderamente al servicio del bienestar de los pueblos.

Para Nuevo León, este mensaje tiene una enorme vigencia.

Vivimos en uno de los estados con mayor dinamismo económico del país. Aquí hablamos todos los días de inversión, innovación, nuevas empresas, industria, tecnología y oportunidades.

Nuevo León debe seguir creciendo. Debe seguir atrayendo inversión, generando empleos, desarrollando tecnología y formando talento.

Pero, ¿ese crecimiento está mejorando realmente la vida de todas las personas?

Detrás de cada empresa que llega hay trabajadores y familias. Detrás de cada nueva industria hay comunidades. Detrás de cada desarrollo tecnológico hay jóvenes que necesitan oportunidades para prepararse y encontrar un proyecto de vida.

El verdadero desarrollo no puede medirse únicamente en lo que producimos, sino también en la tranquilidad con la que vivimos, en las oportunidades que generamos y en la capacidad que tenemos para no dejar a nadie atrás.

Ese es, justamente, uno de los grandes retos que enfrenta Nuevo León.

Tenemos una zona metropolitana que crece aceleradamente, pero también municipios y comunidades que requieren mayores oportunidades. Tenemos jóvenes con enorme talento, pero también jóvenes que necesitan alternativas para no caer en la violencia o en las adicciones. Tenemos familias trabajadoras, pero muchas enfrentan diariamente problemas de movilidad, servicios, seguridad, acceso a oportunidades y calidad de vida.

Por eso, cuando hablamos de paz, en Nuevo León debemos hablar también de comunidad.

La paz no significa únicamente que no haya violencia, significa que una madre pueda sentirse tranquila cuando sus hijos salen de casa. Que un joven tenga una cancha, una escuela, una actividad cultural o deportiva antes de encontrarse con una opción vinculada a la delincuencia. Que una familia tenga acceso a servicios y oportunidades. Que una persona mayor no se sienta abandonada.

La paz también se construye en nuestras colonias.

Se construye cuando recuperamos espacios públicos, cuando fortalecemos a las familias, cuando acercamos la cultura y el deporte a nuestras comunidades y cuando logramos que las instituciones estén presentes antes de que aparezca el problema.

En Nuevo León sabemos que la seguridad requiere policías, inteligencia y coordinación, pero también sabemos que ninguna estrategia de seguridad puede sostenerse en el largo plazo si no atendemos las causas sociales que permiten que la violencia se reproduzca.

Por eso el mensaje del Papa León XIV sobre la fraternidad y la cercanía con los más vulnerables merece ser escuchado también desde nuestra realidad local.

No podemos construir un Nuevo León fuerte si hay comunidades que sienten que el desarrollo ocurre lejos de ellas.

No podemos hablar de futuro si nuestros jóvenes no tienen acceso a ese futuro.

No podemos hablar de innovación si no logramos que la tecnología sea también una herramienta para reducir desigualdades.

Durante mi encuentro con el Cardenal Pietro Parolin tuve la oportunidad de conversar sobre México y sobre Nuevo León, y le pedí su bendición para nuestro estado.

Lo hice pensando en las familias que todos los días hacen un enorme esfuerzo por salir adelante, en quienes trabajan desde muy temprano, en nuestros jóvenes, en quienes viven en nuestros municipios fuera de la zona metropolitana, en quienes enfrentan alguna situación de vulnerabilidad y necesitan saber que no están solos.

Recibir una bendición es un acto de fe, pero también puede ser un símbolo de esperanza.

Y Nuevo León necesita esperanza, pero una esperanza que venga acompañada de trabajo.

El crecimiento urbano nos obliga a pensar mejor la movilidad y los servicios. La presión sobre nuestros recursos naturales nos exige mayor responsabilidad ambiental. La seguridad demanda inteligencia, coordinación y prevención. La llegada de nuevas tecnologías nos obliga a preparar mejor a nuestros jóvenes.

Y todos estos desafíos tienen en común que todos terminan impactando en la vida de las personas.

Por eso creo que la discusión sobre el futuro de Nuevo León no debe reducirse a cuánto vamos a crecer, sino a cómo vamos a crecer.

Que la tecnología sirva para mejorar nuestros servicios públicos; que la inteligencia artificial ayude a resolver problemas y no genere nuevas desigualdades; que la inversión se traduzca en mejores empleos y oportunidades, y que el desarrollo llegue también a quienes viven fuera de la zona metropolitana.

La visita del Cardenal Parolin y su encuentro con la Presidenta Claudia Sheinbaum nos recuerda que México también puede aportar a una conversación mundial sobre el futuro, pero que esa conversación debe aterrizar en nuestras comunidades.

En Nuevo León debemos hacer lo propio.
Tenemos que preguntarnos qué estado queremos dejarle a las próximas generaciones.

Uno con más empresas, sí.
Uno con más tecnología, también.
Uno con mayor infraestructura y crecimiento económico, por supuesto.
Pero, sobre todo, un Nuevo León más humano.
Nuestro estado tiene todo para seguir siendo un referente nacional de innovación, trabajo y desarrollo.
Pero el siguiente gran paso no debe ser únicamente crecer más.

Debe ser crecer mejor, con justicia, con solidaridad, con paz y poniendo a las personas en el centro.

Ese es el mensaje que me quedo de este encuentro con el Cardenal Pietro Parolin y de las palabras de nuestra Presidenta.

Y en Nuevo León, donde sabemos que el futuro se construye trabajando, tenemos también la responsabilidad de asegurarnos de que ese futuro sea para todas y todos.

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