carlos_pena_10a94d754c
Opinión

Irán se ahoga, Estados Unidos capitaliza, ¿y la economía en México?

Columna Invitada

Hablar hoy de Irán y Estados Unidos no es solo comparar dos economías. Es observar dos modelos en colisión directa, donde la geopolítica ha sustituido a los mercados como principal motor económico.

Irán enfrenta un escenario que roza el colapso estructural. Su moneda ha perdido valor de forma dramática y la inflación supera el 40 por ciento anual, destruyendo el poder adquisitivo de la población. El país vive una tormenta perfecta marcada por sanciones internacionales, aislamiento financiero, déficit fiscal crónico y una economía excesivamente dependiente del petróleo. A esto se suma el riesgo de un conflicto prolongado que podría provocar contracciones profundas en su producto interno bruto.

Pero el verdadero problema de Irán no es solo económico, sino sistémico. Su modelo no genera confianza, no atrae inversión y depende de la confrontación para sostener la cohesión interna. Es una economía que sobrevive, pero no crece.

En contraste, Estados Unidos muestra una resiliencia que resulta casi paradójica. A pesar del shock energético derivado del conflicto, su economía aún proyecta crecimiento, con inflación relativamente controlada. Sin embargo, esa fortaleza tiene grietas. El aumento en los precios de la energía amenaza con reactivar presiones inflacionarias y frenar el consumo, recordando que, históricamente, los choques petroleros han terminado en desaceleraciones o recesiones.

La paradoja es clara. Estados Unidos puede resistir el golpe, pero no es inmune. Irán no puede resistirlo, pero tampoco tiene alternativa. Esto redefine el equilibrio global y confirma que el poder económico no solo se mide en crecimiento, sino en capacidad de absorber crisis.

¿Y México? La economía mexicana no es un espectador pasivo. El impacto llega a través de la inflación importada, el encarecimiento de energéticos y la volatilidad financiera. Pero también abre oportunidades. Un Estados Unidos fuerte puede sostener la demanda externa, mientras que el reordenamiento de cadenas productivas favorece la relocalización industrial.

México enfrenta así un dilema estratégico. Puede limitarse a reaccionar ante los choques externos o puede capitalizar el momento, fortaleciendo su entorno interno y apostando por inversión, infraestructura y certidumbre. En un mundo en tensión, las economías que crecen no son las que evitan la crisis, sino las que saben aprovecharla.

más del autor

Ormuz: el cuello de botella que está incubando la inflación estructural global

El estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los puntos de mayor presión...

Banxico desafía a la inflación: baja la tasa en el momento más peligroso

La reciente decisión del Banco de México de recortar la tasa de interés a...

Nuevo León frente a la volatilidad global: cubrir riesgos para liderar el nearshoring

La volatilidad es una constante en los mercados financieros globales....

El petróleo ya superó los $100 dólares… y el mundo vuelve a temer a Ormuz

El petróleo vuelve a recordarle al mundo que la geopolítica sigue siendo el...

últimas opiniones

El petróleo, ni tan old fashion…

Primero fue la incursión de Estados Unidos en Venezuela, estimado lector, y...

Mujeres en pausa

“La forma más habitual en que una mujer cede su poder es haciéndole creer...

El secretario que se apareció en la fila

Héctor Joel Villegas González no llegó con caravana de funcionarios ni con...

¿Por qué BlackRock no es el demonio y conviene que venga a Nuevo León?

Cuando Samuel García viajó a Nueva York en septiembre de 2024 y se reunió...

×