En una democracia es normal que existan distintas visiones y que cada fuerza política defienda sus posturas. Pero hay momentos en los que debemos ser capaces de hacer una pausa y recordar cuál debe ser nuestra prioridad: que a Nuevo León le vaya bien.
La discusión del presupuesto es uno de esos momentos. Porque el presupuesto no es del gobierno, tampoco es del Congreso, mucho menos de un partido político; el presupuesto es de Nuevo León. En él se establecen los recursos para las escuelas que necesitan rehabilitarse, para los programas que atienden a las familias, para la seguridad, la salud, la movilidad y la infraestructura. También están las condiciones que permiten que el estado siga creciendo, que lleguen inversiones y que se generen más oportunidades.
Por eso, cuando hablamos del presupuesto, estamos hablando de decisiones que tienen consecuencias en la vida de millones de neoleoneses. Y justamente por eso merece ser una discusión seria, responsable y a la altura de lo que nuestro estado necesita.
No se trata de que todos pensemos igual; de lo que se trata es que las diferencias sean productivas, que sean herramientas para mejorar las decisiones, no obstáculos que compliquen tomarlas.
Sin embargo, lo que no es válido es que esa discusión termine mezclándose con otros asuntos hasta convertir al presupuesto en una herramienta de presión política. Porque cuando se pretende utilizar el presupuesto como moneda de cambio para anteponer intereses políticos, quienes pagan las consecuencias siempre serán las familias de Nuevo León.
Por eso estamos dispuestos a dialogar con todas las fuerzas políticas, a revisar propuestas, a reconocer lo que pueda mejorarse y a incorporar aquello que contribuya a tener un mejor presupuesto. Esa es la diferencia entre negociar por intereses particulares y negociar con el objetivo de que a Nuevo León le vaya bien.
El presupuesto no existe para armar acuerdos políticos ni para perseguir agendas partidistas; existe para que el estado funcione, para que se construyan hospitales, escuelas, destacamentos, líneas del metro y proyectos que garanticen el agua para todos.
Quienes pretenden usar el presupuesto como condición de trato piensan que le están poniendo un obstáculo a su adversario. Pero la realidad es otra, porque, lejos de meterle el pie a quienes consideran sus rivales políticos, están trabando la construcción de un mejor futuro para Nuevo León.
Más allá de los colores, las posturas y diferencias, lo que todos tenemos que preguntarnos es lo mismo: “¿Esto le ayuda a Nuevo León?” Si la respuesta es sí, de ahí es de donde podemos partir para seguir construyendo la mejor versión de nuestro estado.
