¿Perdonar a la FIFA?
Sección Editorial
- Por: Francisco Gómez
- 16 Julio 2026, 00:00
1. Una persona puede vivir de manera íntegra durante gran parte de su vida, con aportaciones excelentes a su entorno, pero si comete un error, este se magnificará y será decisivo a la hora de juzgarla. Tendemos, en lo personal e institucional, a resaltar lo negativo, demeritando y, no pocas veces, desapareciendo lo positivo. Sufren este fenómeno, de manera notable, personajes de la vida pública: políticos, artistas, escritores, los hoy llamados influencers y demás protagonistas de la noticia. Sin embargo, creo que la FIFA está escapando a este fenómeno, y con creces.
2. Cada cuatro años surgen nuevos escándalos del máximo organismo futbolero. Siempre que llega un mundial se evidencia su conducta mafioso-corporativa y aparecen actos de corrupción evidentes. La actual justa mundialista no escapa a este fenómeno, y ya tenemos una larga lista de tranzas y podredumbres encabezadas por el propio Infantino, quien ni siquiera designó a algunos de sus colaboradores para ejecutar las tropelías que hoy conocemos. Si Qatar fue considerado como el Mundial del escándalo, el que terminará el próximo domingo no se quedará atrás.
3. La siniestra relación entre dos presidentes, el de la FIFA y el de EUA, marcará las evaluaciones futuras de este evento. Aquel le otorgó a este, quizá el político actual más belicista —cfr. Irán, Venezuela, Cuba, ¿México?—, racista y xenófobo, un Premio de la Paz, y aceptó su exigencia de levantar la suspensión al delantero estrella del once norteamericano, suspendido por una grave falta: un pisotón en el tobillo a un rival de Bosnia-Herzegovina. Los niveles de servilismo hacia Trump no tienen paragón, y ambos entregarán el trofeo de campeón al ganador este fin de semana.
4. Además, Infantino y su FIFA han sido objeto de severas críticas por la expansión a 48 selecciones y 104 partidos, con una carga física extraordinaria para los jugadores quienes, además, han tenido que realizar viajes largos y con cambios de huso horario; el precio de las entradas, prohibitivas para muchos verdaderos aficionados; la exención de impuestos en México y las dudas sobre su impacto económico real; las polémicas arbitrales, con sospechas de favoritismos; y, especialmente, por la exagerada comercialización del torneo; ejemplo de ello son las pausas de hidratación.
5. Sin embargo, y no obstante tanta basura, la popularidad del balompié eclipsa los reproches a la FIFA. Salvo el entrenador de Egipto, que aseguró no volver a ver partido alguno tras calificar como un robo su derrota frente a Argentina, no sé de algún otro crítico que se niegue a disfrutar del espectáculo. Conozco a varias personas que no son fans del fut, pero que disfrutan las ceremonias de inicio, el canto de los himnos nacionales, la explosividad de las fanaticadas, las inventivas como el remo noruego y, claro, la emoción de los tiempos extra y las tandas de penaltis.
6. Hasta ahora, Infantino ha corrido con suerte, aunque ya se asoman acusaciones en su contra. Por ello le conviene recordar el famoso FIFAGate, de 2015, en el que fueron arrestados prominentes directivos del organismo, acusados de corrupción. En fin. Esta pasión llamada futbol sobrepasa las triquiñuelas de quienes se aprovechan de él, lucrando en favor de sus propios intereses. El domingo, a la una de la tarde, nos olvidaremos por un momento de Infantino y su FIFA, los perdonaremos mientras organismos internacionales investigan y hacen justicia. Al tiempo.
7. Cierre icónico. La senadora paraguaya, Cecilia Amarilla llenó de insultos racistas al francés Kylian Mbappé. Entre otras linduras, le endilgó “resentido, rico nuevo, prepotente, feo y que en vez de leche materna chupaba cocos”. El jugador del Real Madrid y de la selección gala le respondió diciéndole que era indigna de su cargo, que no representa a su país y que proyecta la peor imagen posible de Paraguay. Replicó la funcionaria con una carta abierta acusándolo de arrogante y remató con un: “Te puedo denunciar por violencia de género”. Órale.
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