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Opinión

Ebrard en Monterrey: ¿por qué no entiende Marcelo que los privilegios del poder son una trampa?

Sin Censura

Apenas llegó ayer a Monterrey Marcelo Ebrard, secretario de Economía, volvieron a inundarse las redes con el controvertido caso de uno de sus cinco hijos. La controversia la sacaron a colación incluso en su visita a la planta de Ternium. 

Marcelo Patrick Ebrard Ramos vivió seis meses —entre octubre de 2021 y abril de 2022— en la residencia oficial de la Embajada de México en el Reino Unido, justo en el barrio más exclusivo de Londres. La entonces embajadora, Josefa González-Blanco, le dio hospedaje con servicio de mayordomo, alta cocina y otros privilegios pagados con recursos públicos. Esos meses bastaron para que se armara una carpeta de investigación por nepotismo, uso indebido de recursos públicos y tráfico de influencias. 

Pero ¿cuál fue el verdadero pecado de Marcelo Ebrard? No entender que los privilegios del poder son una trampa en la que te hacen caer cada vez que a tus superiores les conviene hacerlo. ¿Que rápidamente lo defendió la Presidenta? ¿Seguro está de eso? 

Ebrard ya no está solo en la negación del T-MEC. Lo flanquean el nuevo secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, y el nuevo Embajador de México en EUA, Roberto Lazzeri Montaño. Ambos bien pudieran ser —dada la diferencia de edad frente al secretario de Economía— hijos de Marcelo. Ahora ostentan un poder muy similar al suyo. 

Nos guste o no, el poder depara privilegios. Cuestionar los privilegios del poder es una tontería, aunque nos cueste aceptarlo. El error de las actuales élites gobernantes es decir que serían distintos. No hace falta tanto; no hace falta sobreactuar, ni explicar ni justificarse tanto.

Si quieres pedirle a un profesional como Marcelo Ebrard alta capacidad, probidad, eficacia, competencia y lealtad, no va a restringir su modo de vida al sueldo que le paga el Estado ni se limitará a vivir de eso.

Si no quieres que entre y te gobierne un fulano mediocre en la administración pública, resulta evidente que obtendrá privilegios que no tenemos los ciudadanos comunes. Ni modo. Le tendrás que pagar lo que le corresponde y un extra de privilegios. No hago juicios de valor. Las cosas son como son. Aquí y en China. 

El poder atrae privilegios. Si no conoces la dinámica del poder, no entenderás que acusaciones como las que se le aplican a Ebrard sirven más bien para desviar la atención a temas muy sombríos, como el huachicol fiscal o Segalmex. 

Y formulo una hipótesis: en México, el lubricante del poder político no es tanto el dinero, sino el privilegio. 

Al gobierno le conviene que se hable más de asientos de primera clase en avión y viajes de placer en Europa para que no se ventile la verdadera corrupción: los vínculos con el crimen organizado, la venta de candidaturas a cambio de millones de pesos o la extorsión contra enemigos y adversarios. Ahí sí está la podredumbre del sistema. Y su hipocresía. 

Lo que pocos entienden —y en eso consiste lo maquiavélico de sistemas como el mexicano— es que esta serie de aparentes privilegios se convierten en el mejor mecanismo represivo para controlar, someter o hundir a chivos expiatorios de la élite gobernante. Porque basta con que un superior filtre a los medios o en redes sociales los privilegios que recibe un subordinado para destruir su imagen y hacerlo a un lado. 

El juego de los privilegios es una trampa que puede llegar a ser muy cruel y sádica para la víctima. 

Dice el novelista Giuliano da Empoli que en Rusia lo que cuenta es la proximidad al poder. Lo fue en los tiempos del zar, en los años comunistas y ahora con Putin. En México también. 

En la URSS, el objeto más valioso para un político no era un diamante ni un Rolex —que también los coleccionaban—, sino un vertushka. ¿Qué era eso? Un teléfono para comunicarte directamente con los grandes jerarcas del régimen. Lo tenían muy pocos afortunados: no más de 300. 

En el México actual, el equivalente al vertushka es el derecho de picaporte, la invitación a fiestas suntuosas de poderosos, o el permiso expedido con rapidez para tu proyecto inmobiliario. 

Pero el vertushka estaba intervenido por el KGB. Irónicamente, los cortesanos estaban sometidos al instrumento de su sumisión. Igual pasa con una foto filtrada en un festejo exclusivo, en una playa paradisíaca o en un permiso irregular para construir. 

Cuando les cuento esta anécdota a mis amigos de alto nivel del gobierno federal, se ríen de mí. Marcelo Ebrard ya no se ríe tanto. Ni Ricardo Monreal, ni Adán Augusto López. Creo que tampoco Luisa María Alcalde. Ya lo verán. El lobo lame antes de morder.

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