¿Por qué el discurso del canadiense Mark Carney no nos sirve a la gente de Nuevo León?
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 23 Enero 2026, 02:00
El discurso que dio el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en Davos es una excepcional pieza de oratoria que no le sirve para nada a nadie.
Lo peor que podríamos hacer la gente emprendedora de Nuevo León sería tomar el mensaje de Carney como hoja de ruta o brújula económica.
Su diagnóstico es correcto: vivimos la ruptura del orden global, el fin de una grata ficción y el amanecer de una realidad brutal “en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno”.
Al margen de que Carney confunde la palabra “estrategia” con el término “geopolítica” —no significan ni remotamente lo mismo—, su problema es el remedio que propone.
¿Y cuál es este remedio? La retórica. Hablar de “construir un nuevo orden que integre nuestros valores” es recurrir a la retórica. “Construir desarrollo sostenible” es conducirse a la mera retórica. Apelar a Václav Havel —un expreso político checo que fue muy buen dramaturgo, pero un pésimo mandatario— es mera retórica nostálgica.
¿Entonces cuál remedio deberemos tomar los nuevoleoneses ante la ruptura del orden global, el fin de la grata ficción y el amanecer de una realidad brutal?
Fomentar el consumo local.
¿Cómo? Eliminando impuestos. Ante más circulante, más capacidad de compra regional, más transacciones de nuevoleoneses con nuevoleoneses, sin cargas tributarias excesivas y onerosas, el mercado regional crecerá exponencialmente. Eso compensará las exportaciones que dejaremos de generar.
Si el vecino decidió aplicar políticas proteccionistas, no soñemos con un mundo mejor, o un nuevo orden mundial. Adaptémonos —tal como no quiere hacerlo Carney—, ajustémonos —tal como no quiere hacerlo Carney— y trabajemos en una industrial local —tal como no quiere hacerlo Carney—, incentivando el consumo local.
No es cambiando el comercio bilateral de EUA por los chinos como se pondrá remedio al fin del globalismo. Eso es solo cambiar de amo y dirigirse al mismo triste destino.
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