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Opinión

¿Por qué en Nuevo León los activistas de mala fe no se saldrán con la suya?

Sin Censura

Contra la voluntad de un puñado de activistas irresponsables, al fin se puso la primera piedra para levantar el Hospital Infantil de Guadalupe.

Pagados o por voluntad propia, el comportamiento de estos activistas escandalosos y estridentes —que pretendían bloquear avenidas y cerrar el tráfico— no tiene justificación alguna. 

Ellos demuestran que no cualquiera que se diga activista es digno de respeto o admiración. 

Pero reflexionemos un momento sobre lo siguiente: ¿qué pasaría si la autoridad pública —si el gobierno estatal y municipal—, por cumplir el capricho de estos activistas irresponsables, por darles por su lado, hubiese cancelado las obras de este hospital infantil? 

¿Cuántos niños y niñas habrían puesto en peligro su salud porque no habría un hospital infantil cerca de su hogar? 

¿Cuántos niños y niñas que necesitarán quimioterapias y cuidados médicos mayores por padecimientos de cáncer y problemas renales no podrían ser atendidos en este hospital que, en cuanto comience sus operaciones, será de primera categoría a nivel mundial? 

¿Cuántos niños y niñas hubiesen perdido la vida en los próximos años por culpa de estos activistas irresponsables que pretendían bloquear la construcción de esta magna obra? 

¿Tienen conciencia estos renegosos de las terribles consecuencias que arrastrarían de haberse salido con la suya? 

¿Serían capaces de arrepentirse en un futuro por su mezquindad de hoy? 

Ahora hagamos otra reflexión: ¿cuántas obras de beneficio público se han cancelado porque, desgraciadamente, sí se salieron con la suya un puñado de activistas irresponsables? ¿Cuántas obras se han quedado en simples proyectos, metidos en un cajón, porque un grupo de renegosos sí tuvo éxito bloqueando avenidas y gritando con sus altavoces? 

En el siglo XIX, los llamados “luditas” destruyeron las primeras máquinas hilanderas por miedo a quedarse sin trabajo. 

Si los luditas, igual que estos activistas irresponsables, se hubiesen salido con la suya, no tendríamos los avances urbanos, ni las avenidas, ni los hospitales, ni los viaductos que necesitamos en Nuevo León para vivir en mejores condiciones sociales que nuestros abuelos. 

Dialoguen con estos negacionistas, háganlos entrar en razón, pero que no se dé ni un paso atrás en el progreso y el bienestar de los nuevoleoneses. 

Sobre cualquier egoísmo y mente cerrada, nuestros hijos se merecen una mejor vida. Por ellos nos levantamos cada mañana, día tras día, a trabajar.

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