Pongámoslo en cristiano. Esta semana, los 32 encargados de las finanzas del país, los que deciden cuánto entra y cuánto sale en cada estado, aterrizaron en Tampico para la CCCLXX Reunión de la Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales.
En el papel: federalismo hacendario, recaudación, disciplina financiera. En la práctica, una pregunta simple: ¿por qué aquí? La respuesta la dio, con números, el secretario de Finanzas, Carlos Irán Ramírez González.
Y aquí va el primer dato que proyecta a Tamaulipas: según informó el propio secretario ante el Congreso, el estado pasó del lugar 28 en eficiencia administrativa en 2022 al sexto nacional en 2025. Subió 22 escalones.
Para que se entienda: es como el alumno que iba reprobando y de pronto aparece en el cuadro de honor… y encima lo nombran anfitrión de la junta. A la casa que acomodó sus cuentas le tocó poner la mesa.
Ramírez González lo respaldó con más cartas sobre el mantel: calificación AAA de las agencias internacionales y todos los indicadores en verde en el Sistema de Alertas de Hacienda, que es como el semáforo que certifica que la deuda no se salió de control.
Y va el segundo dato, este de la cancha económica: Tamaulipas es el sexto estado exportador de México, con más de $27,000 millones de dólares y un crecimiento del 6.4%, de acuerdo con la Secretaría de Economía estatal.
Traducido: un estado que vende al mundo y que ordenó su casa. Por eso los secretarios no llegaron por casualidad ni por la playa. Llegaron porque, en el idioma frío de los números, Tamaulipas hizo la tarea… y ahora la presume con sede propia.
LA SALUD NO SE FIRMA, SE SURTE
Hay fotos que dicen mucho y cifras que dicen más. Esta semana el gobernador Américo Villarreal posó en Palacio Nacional, junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, para refrendar que Tamaulipas seguirá de la mano del IMSS-Bienestar.
El mensaje fue claro: la salud es un derecho. Y tiene razón. Pero gobernar la salud es como cocinar para una familia grande: no basta con poner la mesa bonita y prometer banquete; lo que cuenta es que haya comida en el plato.
Ahí está el punto ciego. Mientras en la foto se habla de cobertura universal y gratuita, en los pasillos de los hospitales tamaulipecos el personal sigue entregando recetas para que el paciente compre por su cuenta. Las autoridades juran que el abasto ronda el 95 por ciento.
El sindicato de salud responde, sin anestesia, que aunque digan que sí hay medicamentos, no es cierto: ese número no se siente en la farmacia.
Y aquí el dato picante: en enero de este año el desabasto de antirretrovirales dejó a unos 1,600 pacientes con VIH en Ciudad Madero y Tampico buscando un fármaco que en el sector privado cuesta cerca de $8,000 pesos al mes. La pregunta incómoda: de la mano… ¿Pero hasta dónde alcanza esa mano?
¡¡Yássas!!
