¿Por qué México y Nuevo León ya ganaron este Mundial por goliza?
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 06 Julio 2026, 04:59
Da igual el resultado del partido entre México e Inglaterra. Nuestro país y Nuevo León ya ganaron este Mundial por goliza.
Mexicanos y regiomontanos llegamos más lejos que nunca e hicimos historia. La explicación que daré va más allá de cualquier marcador e incluye la opinión de un Premio Nobel de Economía.
Nos sorprendimos siendo un país más grande, más honorable y más noble del que creíamos ser. Somos, por mucho, una mejor sede que Estados Unidos y Canadá juntos. Tratamos de lujo a los turistas. Son nuestros invitados, nuestros huéspedes. Se van convencidos de que en México privan la calidez, la hermandad y la armonía que imprimimos a los grandes eventos en calidad de abrazos colectivos.
En unas cuantas semanas le dimos vuelo a nuestro amor, a veces tan alicaído, y a nuestra autoconfianza, a veces tan venida a menos injustificadamente.
¿Somos capaces de llevar ahora esta suma de dones que no sabíamos que atesorábamos, a cualquier causa social que decidamos cumplir? Sí.
Sin embargo, esta hazaña no surgió de la nada. Acabo de leer un artículo magistral del Premio Nobel de Economía, Daron Acemoğlu, turco-estadounidense.
Se titula: “El Mundial contra los extremistas”, lo publicó Project Syndicate y, en este texto, Acemoğlu nos da la clave para entender la maravilla colectiva que vivimos en México.
Acemoğlu toma como ejemplo al futbolista alemán Deniz Undav, de origen turco-sirio y padre yazidí kurdo, que anotó dos goles y fue aclamado como héroe nacional.
Y escribe: “Él y el resto del equipo alemán son la prueba viviente de que personas con orígenes y apariencias muy diferentes pueden integrarse en un proyecto común que se convierte en fuente de orgullo colectivo. Demuestran que amar a la patria y acoger a los recién llegados no son impulsos incompatibles.”
Esa es la lección que México ha refrendado en estas semanas. No solo somos anfitriones ejemplares, sino que mostramos al mundo que la identidad nacional no es una camisa de fuerza, sino un lienzo donde caben todas las manos que quieran pintar.
Acemoğlu advierte que, en gran parte del mundo industrializado, la política convencional ha sido absorbida por la ansiedad ante la llegada de personas de diferentes culturas.
El Mundial nos recuerda que la diversidad y el orgullo nacional coexisten habitualmente.
Pero Acemoğlu también advierte el error de la izquierda: “Gran parte del progresismo ha tomado un rumbo preocupante, tanto como el de la extrema derecha, al analizar cada problema desde la perspectiva de opresor y oprimido. En estos términos simplistas, los países occidentales siempre son los villanos, y el patriotismo se ve con recelo o desdén”.
Se los dice un individualista irredento: sin el respaldo de una identidad imaginaria compartida, es menos probable que la política nacional se consolide en torno a políticas diseñadas para apoyar a quienes se encuentran en situación de desventaja.
En México no nos tropezamos, al menos en este Mundial, con esa trampa.
Nuestro orgullo no es excluyente, sino abrazador, y no celebramos un triunfo deportivo contra nadie, sino junto con todos.
Acemoğlu concluye: “Cuando la integración y el orgullo nacional van de la mano, el resultado, en la mayoría de los casos, es una combinación ganadora”.
Claro, el Nobel advierte que el deporte profesional no es reflejo exacto de la sociedad y que la integración no es fácil.
Los jugadores negros de Inglaterra fueron insultados tras perder la final de la Eurocopa, y en Francia se discute quién es “verdaderamente” francés.
Pero también subraya que “el Mundial no demuestra que la integración sea fácil. Solo confirma lo que los extremistas quieren negar: la integración étnica y el orgullo patriótico coexisten habitualmente”.
México 2026 ha sido la prueba vibrante de esa coexistencia. No solo recibimos a miles de visitantes con los brazos abiertos, sino que nos reconciliamos con nuestra propia capacidad.
Si existe eso que llaman patriotismo, no es otra cosa que el combustible que nos permite soñar en grande y, además, cumplir esos sueños.
Ese triunfo, querido lector, ya es nuestro.
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