Ayer sostuve una charla sobre el futuro de Nuevo León con uno de los mayores inversionistas de nuestro país.
Concluimos que el próximo mes de junio —ya a la vuelta de la esquina— será un punto de inflexión para la economía estatal y mutará, en muchos sentidos, el entorno para hacer negocios en el norte de México.
¿Qué pronosticamos para junio que casi nadie detecta en el radar? Un detonador de fenómenos económicos derivados del Mundial FIFA 2026, algunos coincidentes con ese lapso.
Un grupúsculo de nuevoleoneses se queja de las obras que se prometen concluir para esas fechas. “No se inaugurarán”, dicen estos sarcásticos.
Cabe aclarar que cualquier avance en el Metro, así sea del 60 o 70%, será exponencialmente mayor al de los sexenios anteriores. Simplemente porque en las anteriores administraciones no se construyó nada. No digo que muy poco. Nada. Punto.
Dicho de otro modo, se le exige más al que trabaja más, y no se le exigió nada al que se quedó sentado. Así de irónico.
Además, me recuerda este alto inversionista, el Metro no fue condicionante para que la copa FIFA eligiera como sede a Nuevo León. Los directivos de la FIFA ni exigían ni esperaban que hubiera nuevas líneas del Metro. Es decir, nadie nos presionó de fuera. La iniciativa es totalmente local.
Pero voy a lo sustancial. Es probable que para junio varios mandatarios de potencias grandes y medianas ya no estén gobernando, incluyendo algunas que tenemos próximas a nosotros. La geopolítica es, a estas alturas, arena movediza.
De aquí a junio también serán entregados a EUA dos gobernadores del sur del país y un jerarca del partido del poder y otro de la oposición. Será un empate técnico en la cancha de la justicia, impartida a petición del vecino.
Es un hecho que bajarán significativamente los delitos relacionados con el crimen organizado y viviremos en México una especie de “pax narca”.
Habrá intervención de mandos militares estadounidenses, operando bajo el manto de la colaboración entre países. Pero el bien justificará los medios.
El Puente Colombia tendrá un crecimiento superlativo y cambiará, en estos meses, las cadenas de suministro como hasta hoy las conocíamos.
Desaparecerá el T-MEC, pero surgirá de sus cenizas un nuevo tratado que no contemplará a Canadá. Eso beneficiará a la industria y el nearshoring de Nuevo León. Lo que unos pierden, otros lo ganan.
Midamos el avance de obras públicas en términos porcentuales, al menos en el caso de Nuevo León. ¿Por qué? Porque el afán maximalista que encierra la frase “o la obra completa o nada” solo provoca un engañoso fatalismo. Y los nuevoleoneses de verdad —no los impostados— somos genéticamente realistas.
¿Se volverá Nuevo León territorio norteamericano? No. Dejemos de perder tiempo en tonterías. Nada nos cae del cielo: ni las venturas ni las desgracias.
Solo tenemos dos manos para trabajar y un cerebro para pensar. Aprovechemos estos dones. No nos queda de otra.
