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Opinión

¿Por qué evoco a Monseñor Juan José Hinojosa de la iglesia de Fátima en San Pedro?

Sin Censura

Hablé muchas veces con Monseñor Juan José Hinojosa. Puedo afirmar, sin ambages, que éramos amigos. Muy amigos. 

Me ayudó en innumerables ocasiones en trances difíciles para mí y mi familia. 

Pero recuerdo una reunión en particular en su oficina de la iglesia de Fátima, en San Pedro. 

Varios amigos suponen que esa reunión fue memorable para mí porque mientras Monseñor Hinojosa hablaba conmigo, también estaba físicamente en Roma, concretamente en el Vaticano. 

Esto porque se dice que Monseñor Hinojosa tenía el don de la bilocación. 

En realidad, la charla fue trascendente para mí porque Monseñor Hinojosa era un exégeta, es decir, un experto en la Biblia, y además un gran conocedor de la geopolítica. 

Conocía a fondo la habilidad de los políticos y sus innumerables debilidades e infamias. También hablaba de la política como vocación de servicio. 

El poder es un paño que lo mismo abriga una gema que un carbón. 

Recuerdo hoy, que es Jueves Santo, a Monseñor Hinojosa porque acabo de terminar de leer dos libros —Los relatos bíblicos, de Gonzalo Garcés, y El libro de todos los libros, de Roberto Calasso— que toman la Biblia como eje, pero que emprenden rutas y atajos muy distintos y seculares para entender la escritura sagrada.

El libro de Calasso se publicó en 2021, póstumamente, y es más teórico y, al mismo tiempo, más lírico: deconstruye el Antiguo Testamento como mito fundacional. Es la obra no de un exégeta como Monseñor Hinojosa, sino de un erudito. En Guadalajara pude charlar con Calasso y me consta que era un genio que no presumía de su sabiduría. 

Calasso habla en su libro de un Dios severo, estricto, que reina en un mundo de seres humanos violentos, impetuosos y llenos de excesos. Como los hay ahora. 

Pienso en Calasso como un filósofo a quien sigues tomado de la mano por un juego de espejos interminables, donde lo místico y las miserias humanas se enfrentan y se reflejan. 

El libro de Garcés, Los relatos bíblicos, en cambio, es más narrativo, más terrenal: cuenta los relatos como historias hilvanadas, con seres de diversas calañas y algunos con virtudes muy elevadas, sin buscar tanto el mito como el mapa de lo que somos hoy. 

El libro de Garcés es muy accesible, con una mirada casi de reportero moderno. Más de carne y hueso.

El punto es que, si uno lee ambos libros, es como si hubiese escuchado de viva voz a Monseñor Juan José Hinojosa en la iglesia de Fátima. 

Monseñor te hacía reflexionar sobre virtudes y pecados, sobre el origen del pensamiento occidental, como Calasso. 

Y Monseñor también te hacía reconocer tus propias complejidades como parte de los seres humanos, con las contradicciones inherentes a nuestro libre albedrío. 

En este mundo actual, tan repleto de sangre, actos desalmados y la peor cara del poder humano, es bueno recordar a las almas piadosas como Juan José Hinojosa. Y aprender de su ejemplo y su sed de sabiduría.

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