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Opinión

Therians

El Purgatorio de @elcabritomayor

Hoy nos ocuparemos de un tema, a mi juicio, absurdo y tonto, pero importante en el camino del bienestar y la salud mental y emocional de nuestras sociedades.

Dada la convulsa situación por la que atraviesa el mundo que aún hoy, por fortuna, habitamos y debido a la diversidad en las ideas individuales de cada uno de nosotros, que en caso de los líderes determinan de manera importante el futuro de las sociedades y, en el caso de quienes no lo son, en ocasiones marcan la sociabilidad de nuestro entorno, hablaremos de los Therian. 

Y es que, observando el artículo de ElHorizonte.mx (https://www.elhorizonte.mx/nuevoleon/presentan-en-el-congreso-de-nuevo-leon-la-llamada-ley-therian/3126967578), donde un abogado presentó una iniciativa ciudadana denominada “Ley Therian”, que, se dijo, busca proteger la libertad de expresión de los jóvenes y garantizar que en los centros educativos no sean víctimas de bullying o acoso escolar, me queda claro que no me queda claro qué se pretende con ella.

Porque, en el estricto sentido de la información contenida en el artículo, la iniciativa busca que los planteles educativos cuenten con mecanismos definidos de actuación ante posibles conflictos derivados de las expresiones de seres que sienten una identificación simbólica o interna con un animal, lo que, de origen, como fundamento para la justificación de los motivos al presentarla, coloca la situación en un limbo y somete la iniciativa a un sinnúmero de cuestionamientos.

Y es que, en principio y de manera particular, cada ciudadano mexicano, en teoría, goza de garantías constitucionales, mismas que amparan la libertad de expresión en los artículos 6º y 7º, estableciendo que la manifestación de ideas es inviolable, no sujeta a censura previa, salvo limitaciones por ataque a la moral, derechos de terceros, delitos o perturbación del orden público. Y esto, obviamente, se entiende en el ámbito de la cordura, el respeto y la no afectación a terceros.

Sin hacer menos el derecho constitucional que asiste a cada ciudadano de ejercer su libertad de expresión, en pleno ejercicio de su libertad (valga la redundancia), esta situación, en mi opinión personal, raya en lo absurdo y en lo tonto, por tratarse, a mi juicio, de una moda o tendencia de expresión que acusa una marcada ausencia de valores humanos, morales, éticos y sociales que, en forma de ley, se propone imponer para que respetemos lo que ya, por descontado, hemos respetado siempre: el libre albedrío en la expresión personal de las ideas de cada persona.

De acuerdo con el artículo en cuestión, esta iniciativa busca crear protocolos de seguridad dentro de los centros educativos para que, cuando se presenten ese tipo de manifestaciones de libertad, no se afecte a los jóvenes portadores de estas conductas, estableciendo mecanismos definidos de actuación ante posibles conflictos derivados de este tipo de expresiones, que contemplan (hágame usted el refravón cabor!), sanciones administrativas para docentes o directivos —como si estuvieran a cargo de un zoológico— que incumplan sus obligaciones y permitan situaciones de acoso escolar, además de la creación de un observatorio juvenil enfocado en culturas digitales y nuevas formas de identidad.

Según el artículo, la iniciativa surge a partir de la inquietud y la preocupación de padres de familia por la integridad y seguridad de sus hijos autoidentificados con algún animal dentro de los planteles y, bueno, ante esto, ¿qué le puede decir el que esto escribe, estimado lector? Que, obviamente, se respeta la libertad de expresión de cualquiera, así no nos parezca; sin embargo, antes de procurar leyes absurdas en este sentido, sería muy importante y recomendable reencauzar la formación de los jóvenes con base en los genuinos valores sociales, culturales y tradicionales del ser humano. Aunque, en mi opinión, una vueltecita al psiquiatra no les vendría mal, porque, en su defecto, habrá que enseñarlos a comer croquetas, internarlos en una jaula del zoológico en vez de llevarlos a la escuela y atenderlos no con el doctor, sino con el veterinario, porque esa, es la verdadera realidad en la vida de los animales.

Por hoy es todo. Medite lo que le platico, estimado lector. Esperando que el de hoy sea un reflexivo inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco, con sus hermosas palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos, Dios mediante, aquí el próximo lunes.

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