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Opinión

El futbol, oxígeno para todos

Consultor en estrategia, negociación, comunicación y manejo de crisis. Colabora en distintos medios como analista político enfocado en el poder, sus decisiones y sus consecuencias.

Llegó el Mundial y con él llegó también una bocanada de aire para la clase política, porque, aunque para la gente representa fiesta, convivencia, emoción, reuniones familiares, carnita asada, camisetas, gritos, corajes y alegrías, para los políticos significa algo mucho más conveniente: un descanso en medio del golpeteo diario, una pausa en la presión y una oportunidad para que la conversación se mueva hacia otro lado.

No se trata de decir que el futbol resuelve algo, ni mucho menos que los problemas del país desaparecen porque empieza a rodar el balón. La inseguridad seguirá ahí, los errores de gobierno seguirán ahí, los apagones, los servicios públicos deficientes, los señalamientos de corrupción, las guerras internas, las acusaciones y los pleitos entre partidos seguirán ahí. Lo que cambia es otra cosa, cambia la atención de la gente, y en política eso vale muchísimo. 

Durante las próximas semanas, miles de mexicanos van a estar más pendientes de los partidos, de la Selección, de las alineaciones, de los goles, de los árbitros, de los técnicos y de los resultados que de los temas que hoy traen contra la pared a los gobiernos, y eso, aunque parece menor, no lo es. Un problema puede seguir existiendo, pero si deja de ocupar todos los días la conversación o los titulares, la presión baja, el costo se reduce y quienes estaban en el paredón ganan tiempo.

Ahí está el punto neurálgico de todo esto. El Mundial no sólo llega como una fiesta para la gente, llega como un salvavidas para muchos políticos. Les da tiempo para respirar, para recomponer, para guardar silencio, para dejar que ciertos temas pierdan fuerza y para esperar que, cuando pase la fiebre del futbol, la indignación ya no regrese con la misma intensidad.

En política muchas veces no se necesita resolver de inmediato una crisis; a veces tan solo basta con sobrevivirla hasta que la agenda cambie, y el futbol tiene justamente la capacidad de cambiar la agenda sin pedir permiso. Esto le sirve a todos, no solamente a los de un partido. Le sirve al gobierno federal, a los gobiernos estatales, a los gobiernos municipales, a Morena, al PAN, al PRI, a Movimiento Ciudadano y a cualquiera que hoy tenga un problema encima. 

Si bien es cierto que el Mundial no tiene colores, sí tiene un efecto político que mueve emociones, ocupa espacios, domina conversaciones y genera una especie de tregua donde, por unos días o semanas, la gente se permite hablar de otra cosa.

Y es que está bien que la gente lo disfrute; ya bastante carga trae encima como para que también se le quiera regatear el derecho a emocionarse con el futbol. El Mundial une familias, reúne amigos, genera ilusión, revive recuerdos y le da a muchos un espacio para desconectarse de lo mismo de siempre. 

Por eso no será extraño ver a funcionarios, dirigentes y candidatos ponerse la camiseta, subir fotos, hablar de la Selección, felicitar a los jugadores y compartir memes, y no lo harán solamente por gusto, lo harán porque entienden que el futbol conecta con la gente y porque, en medio de esta conversación positiva, es más fácil aparecer, sonreír y esconder por un momento los temas incómodos.

Por eso este Mundial llega en un momento perfecto para la clase política. Llega en medio del desgaste, de las acusaciones, de los pleitos internos, de los amagos de nuestro vecino del norte y de un pueblo cansado de escuchar todos los días los mismos problemas. 

Para el pueblo llega la fiesta y para los políticos llega un respiro, pero que quede algo muy claro: que nadie confunda este silencio momentáneo con una solución, ni la distracción con estabilidad.

El país puede ponerse la camiseta y disfrutar de la Copa del Mundo, como debe ser, pero cuando termine el partido los problemas van a seguir esperando en el mismo lugar y los golpes regresarán, pero con más intensidad.

Veredicto final

En México la gente vive con pasión este momento; es un vaso de agua fresca en medio del calor del desierto que significa el país tan polarizado y problemático en el que vivimos. Es solo por este breve tiempo cuando nos unimos todos, nos guste el futbol o no, para defender algo que creemos que es nuestro. En un festejo o una derrota se abrazan igual, ricos y pobres, zurdos y derechos… Es el único momento en que se junta el agua y el aceite para gritar: ¡Viva México!

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