‘El desierto de aliados queda para aquellos que descubren que en política han quedado desamparados frente a sus rivales’.
Por donde menos lo esperaba, por ahí llegó el bofetadón para el grupo morenista lagunero encabezado por Luis Fernando Salazar. Y es que, aunque se constituía como el ala más fuerte y consolidada en Coahuila dentro del morenismo, ahora el senador tendrá que explicar sus presuntos nexos con el empresario Eduardo Pérez Tueme, detenido en la Ciudad de México por fraude y presuntos vínculos con el crimen organizado.
La bomba la soltó la exmorenista —y ahora disidente— Sandra Cuevas, quien sostuvo una relación con el detenido, pero que, ante la andanada de críticas y señalamientos, aseguró que, si bien fue su pareja, nada tiene que ver con sus negocios ilícitos. Lo grave —dijo— es que quien sí tendría nexos, negocios y relación sería el legislador coahuilense.
De inmediato se encendieron las alarmas en La Laguna. Veremos ahora qué tendrá que decir Salazar, quien recientemente habría cuestionado que varios de sus correligionarios serían señalados por autoridades de Estados Unidos por presuntos nexos con el narcotráfico, e incluso les habrían retirado la visa, en alusión al actual encargado del Bienestar en Coahuila, Américo Villarreal Jr. Pffff.
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Tanto teatro para nada. Y es que, al parecer, desde esta semana será restituido en sus funciones el “dipubroncas”, Antonio Flores, luego de que se diera a conocer una resolución final en la que los argumentos presentados por su suplente, Fernando Rodríguez, no resultaron procedentes.
Con ello, el legislador muzquense estaría regresando a trabajar al Palacio de Coss, según lo ordenó un juez, en tanto se resuelve su situación de fondo.
Así, se confirma que, aunque se quiera negar, la política es más circo, maroma y teatro que trabajo. Ahora el problema es que Flores prácticamente es un apestado, pues ni sus compañeros le quieren respaldar sus puntos de acuerdo, exhortos e iniciativas, por lo que ahora sí podría quedarse solo hasta diciembre, cuando concluya su encargo.
¡¡Yássas!!
