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Opinión

La creatividad que nos conecta con nuestra humanidad

Familia Viva

Este mes Familia Viva cumple diez años. Quienes nos siguen desde el inicio quizá recuerden que comenzamos compartiendo algo muy sencillo: los juegos, manualidades, experimentos y recetas que hacíamos en casa cuando mis hijas eran pequeñas.

Había tardes de pintura, pegamento, harina y experimentos que no siempre salían como esperábamos. En ese momento simplemente estábamos jugando, creando y pasando tiempo juntas. Diez años después, con hijas adolescentes, puedo decirles que todo ese tiempo valió la pena. Hoy veo cómo aquellas horas se transformaron en curiosidad, iniciativa, capacidad para imaginar, resolver y crear.

Y últimamente he pensado que quizá los adultos también necesitamos recordar aquello que permitimos con tanta facilidad a los niños: crear por el simple placer de crear.

Hace poco, durante una consulta médica, platicaba con mi doctora sobre lo bien que me había hecho participar en una obra de teatro. Ensayar, cantar, aprender algo nuevo, convivir y subirme a un escenario me hicieron sentir increíble. Le decía, medio en serio y medio en broma, que después de la última función habían regresado el cansancio, una tos seca y algunos achaques propios de la edad.

Entonces me dijo algo muy sencillo: “Si te sentías tan bien haciendo teatro, trata de seguir haciéndolo”.

Nos reímos, pero la frase se quedó conmigo.

Tal vez una gran medicina para el alma y para nuestro espíritu creativo sea precisamente seguir haciendo espacio para aquello que nos hace sentir vivos.

Mientras escribo estas líneas es domingo. Uno de esos domingos lentos, un slow sunday, en los que, por fortuna, no hay demasiada prisa.

Una de mis hijas está haciendo roles de canela. Cocinar le encanta y la relaja. Mi otra hija lleva un buen rato trabajando en un proyecto de la escuela: un collage sobre sus gustos y su personalidad. Está entre pegamento, tijeras, imágenes y recortes, tratando de representar quién es.

Y yo estoy aquí, escribiendo.

Tres personas haciendo cosas completamente diferentes, pero conectadas por lo mismo: crear.

Justamente hoy estaba leyendo Los regalos de la imperfección, de Brené Brown, y llegué al capítulo en el que habla sobre cultivar la creatividad y dejar ir la comparación. La autora señala algo que me hizo detenerme: muchas veces tratamos la creatividad como un lujo, como algo reservado para quienes “son creativos” o para cuando nos sobra tiempo.

Pero crear no debería ser el premio que recibimos después de terminar todo lo importante.

Crear también es importante.

No necesitamos ser artistas. La creatividad puede aparecer al cocinar, escribir, pintar, bailar, cantar, tomar fotografías, decorar, hacer jardinería, aprender cerámica o simplemente intentar algo que nunca habíamos hecho.

Brown invita precisamente a tomar esa clase que nos llama la atención, atrevernos a sentirnos principiantes, vulnerables e imperfectos y probar aquello que alguna vez hemos querido hacer.

Me encanta esa idea porque ser principiante nos devuelve algo que los adultos vamos perdiendo: el permiso de no hacerlo perfecto.

Después de aquella conversación con mi doctora he tratado de defender pequeños espacios para pintar un mandala, leer, escuchar la música que me gusta, cantar o buscar alguna actividad nueva que vuelva a conectarme conmigo.

No porque tenga tiempo de sobra, sino porque he entendido que necesito hacerle tiempo.

Tal vez durante años nos convencimos de que ser adultos significaba ser productivos: cumplir pendientes, resolver problemas, trabajar, organizar, cuidar y llegar a todo. Pero también somos seres que imaginan, juegan, inventan y crean.

Así que esta semana quiero dejarte una pregunta:

¿Qué quieres intentar?

No tiene que ser útil. No tiene que convertirse en un negocio. No tienes que ser bueno haciéndolo. Ni siquiera tienes que enseñárselo a nadie. Solo tiene que hacerte sentir un poco más tú.

Yo quiero unirme al club de quienes estamos defendiendo nuestro espacio para seguir creando. Porque después de diez años viendo crecer a mis hijas, y de volver yo misma a un escenario, cada vez estoy más convencida:

La creatividad no es un lujo. Es una de las formas más hermosas de conectarnos con nuestra humanidad y recordar que estamos vivos.

Dra. Marysol Flores Martínez
TEDx Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx

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