Opinión

¿Qué necesitan realmente nuestros hijos de nosotros?

Sección Editorial

  • Por: Marysol Flores
  • 26 Agosto 2026, 00:00

Queridos lectores:

¿Qué necesitan realmente nuestros hijos de nosotros?

Es una pregunta difícil de contestar. Recientemente tuvimos en nuestro podcast a la Dra. Daniela Leiva, quien acompaña a familias con hijos pequeños y les ayuda a entender por qué hacemos lo que hacemos desde la neurociencia; es decir, desde el conocimiento de nuestro cerebro para comprender mejor nuestro comportamiento.

Durante nuestra conversación hubo cinco ideas que me llamaron especialmente la atención y que hoy quiero compartir con ustedes. Si quieren escuchar la conversación completa, pueden encontrarla en las redes sociales de Familia Viva y en nuestro podcast en YouTube y Spotify.

La primera es que no necesitamos ser padres perfectos; necesitamos ser padres que nos conozcamos a nosotros mismos para, desde ahí, acompañar mejor a nuestros hijos.

Vivimos saturados de información sobre crianza. Todos los días encontramos libros, podcast, reels, especialistas, consejos y recomendaciones que nos dicen qué hacer y qué no hacer. En medio de esta hiperinformación podemos llegar a dudar de nosotros mismos y olvidar algo fundamental: nadie conoce mejor a nuestros hijos que nosotros.

Contamos también con una sabiduría interna que puede funcionar como brújula. Podemos informarnos, aprender y pedir ayuda, por supuesto, pero sin perder la confianza en nuestra capacidad de conocer y comprender a nuestros propios hijos.

La segunda idea es que la calma empieza en nosotros.

Antes de intentar regular las emociones de nuestros hijos, necesitamos desarrollar herramientas para regularnos nosotros mismos. Durante los primeros años de vida, el cerebro de nuestros hijos todavía está desarrollando la capacidad para autorregularse. Por eso necesitan de nosotros.

Me gustó mucho pensarlo de esta manera: tenemos que poder prestarles nuestro sistema nervioso en tranquilidad para contenerlos.

Primero me regulo yo y después puedo acompañarte a ti.

La tercera idea fue una de mis favoritas: criar nunca fue un trabajo para dos.

Existe un conocido proverbio africano que dice “It takes a village to raise a child”; se necesita una comunidad para criar a un niño.

Sin embargo, cada vez nos sentimos más solos como padres. Las familias son más pequeñas, vivimos con agendas complicadas y muchas veces lejos de quienes podrían ayudarnos. Por eso es importante recordar que podemos pedir ayuda, pero también tender la mano y construir nuestras propias redes de apoyo.

Nuestros hijos necesitan vínculos. El cerebro se desarrolla en conexión y en sociedad. Criar acompañados no solamente hace más llevadera nuestra tarea como padres; también enriquece la vida de nuestros hijos.

La cuarta idea es aparentemente sencilla, pero creo que necesitamos recordarla constantemente: tu hijo no viene con una receta.

No existen las cinco frases perfectas, los tres pasos infalibles ni una fórmula que funcione para todas las familias. Cada niño es diferente y cada familia también.

Podemos aprender de los expertos y aprovechar toda la información que hoy tenemos disponible, pero la verdadera tarea es conocerte a ti y no perderte el privilegio de conocer a tus hijos. Observarlos, escucharlos, descubrir quiénes son y acompañar a la persona que tenemos enfrente, no al hijo que algún libro dice que deberíamos tener.

Y finalmente, la quinta idea quizá sea la más difícil de aceptar: nuestros hijos van a sufrir y nuestro trabajo no es evitarlo.

Van a frustrarse. Van a equivocarse. Van a sentir dolor. Y nosotros también vamos a equivocarnos como padres.

No podemos construirles una vida en la que nada duela, pero sí podemos enseñarles que después de una caída pueden levantarse, que después de equivocarse pueden aprender y que después de una ruptura siempre existe la posibilidad de reparar y volver a conectar.

Quizá ahí se encuentre una de las respuestas a la pregunta con la que inicié esta columna.

Nuestro trabajo no es lograr que nuestros hijos nunca sufran. Nuestro trabajo es que no sufran solos.

Estar ahí para acompañarlos, escucharlos, contenerlos y volver a conectar.

Quizá de eso se trata mucho más la crianza que de hacerlo todo bien.

Los invito a seguirnos en nuestras redes sociales y a echarle un ojo a nuestro podcast, que hacemos con tanto cariño y con un único objetivo: compartir información que nos ayude a conectar más y mejor con los que más queremos.

Hasta la próxima semana.

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