Opinión

¿Qué pasó en Cornell?

Sección Editorial

  • Por: Marysol Flores
  • 07 Octubre 2026, 02:00

Queridos lectores:

Hay muchas notas, muchas noticias que pasan frente a nosotros todos los días al ritmo de un scroll. Una tragedia, luego otra, después un video divertido y enseguida publicidad. A veces pareciera que estamos normalizando la tragedia o, quizá, desensibilizándonos ante ella.

Pero hubo una noticia que apareció la semana pasada que a mí me quitó la paz durante varios días. Les puedo decir que, hasta hoy, sigo dándole vueltas.

Se trata del caso de una joven de la Universidad de Cornell que acusa a siete estudiantes de haber participado, de distintas maneras, en una agresión sexual. El caso continúa bajo investigación y corresponderá a las autoridades determinar las responsabilidades. Pero esta historia me inquietó desde dos lugares: como mamá y como profesional que lleva años trabajando con familias y educación.

Después escuché el episodio 129 del podcast Buscaminas, titulado “Los 7 de Cornell y una generación criada por el p*rn”. Ahí plantean una pregunta que se me quedó grabada: ¿Qué tiene que pasar para que alguien deje de mirar a otra persona como un ser humano y comience a verla como un objeto?

Y entonces pensé en nuestros hijos e hijas.

Porque es fácil indignarnos y pensar que esos jóvenes pertenecen a una realidad completamente ajena a la nuestra. Pero alguna vez fueron niños.

Y apareció para mí una pregunta incómoda: ¿Qué estamos haciendo hoy, como padres y madres, para evitar que mañana nuestros hijos e hijas formen parte de una historia así, como víctimas o como victimarios?

Esta conversación empieza mucho antes de la universidad. Según un estudio de Common Sense Media, la edad promedio del primer contacto con pornografía en internet entre los adolescentes encuestados fue de 12 años. El 73% dijo haberla visto y el 45% consideraba que podía proporcionar información útil sobre sexo.

Detengámonos a pensar lo que esto significa. Mientras nosotros seguimos preguntándonos cuándo debemos “tener la plática”, alguien más puede estar educando a nuestros hijos e hijas. La pornografía no es educación sexual.

Y aunque sería irresponsable afirmar que consumir pornografía convierte a una persona en agresora, existen investigaciones longitudinales que han encontrado asociaciones entre su consumo y determinadas conductas de acoso y agresión sexual, particularmente entre varones. Esto no demuestra una relación simple de causa y efecto, pero sí nos da una razón más para dejar de ignorar el tema.

Tampoco podemos depositar toda la responsabilidad en una pantalla. Tenemos que hablar en casa de consentimiento, respeto, empatía, autocontrol, presión de grupo, alcohol, drogas y límites.

Tenemos que enseñar que un “no” significa no; que una persona intoxicada o incapacitada no puede dar consentimiento. Pero también necesitamos formar jóvenes capaces de decir “yo no participo”, aunque sus amigos sí lo hagan. Jóvenes capaces de detener a un amigo, de no compartir una imagen íntima y de proteger a una persona que se encuentra vulnerable.

Y aquí está quizá lo más importante: padres y madres tenemos que dejar de sacarle la vuelta a estas conversaciones.

Protect Young Eyes propone algo que me parece muy valioso no esperar a tener “la gran conversación”, sino mantener pequeñas conversaciones frecuentes y apropiadas para cada edad. Defend Young Minds también insiste en la importancia de prepararnos y hablar de estos temas antes de que nuestros hijos e hijas se encuentren solos frente a estos contenidos.

Si no sabemos cómo hablar de pornografía, aprendamos. Si no encontramos las palabras, busquémoslas.

Prefiero mil veces una conversación incómoda hoy que una llamada devastadora mañana.

Y esta responsabilidad no termina en nuestra casa. Familias, escuelas, universidades y todos los adultos que convivimos con niños, niñas y jóvenes tenemos una responsabilidad compartida cuidar nuestras infancias y juventudes.

No podremos evitar todos los riesgos que enfrentarán nuestros hijos e hijas, pero sí podemos procurar que lleguen a ellos con información, empatía, autocontrol y una brújula moral suficientemente fuerte para tomar una buena decisión cuando nosotros no estemos presentes.

Después de conocer el caso de Cornell, ya no quiero preguntarme solamente “¿Cómo pudo suceder algo así?”, sino qué puedo hacer hoy para que mañana no sea nuestro hijo o nuestra hija quien forme parte de una historia así La conversación es urgente.

Y empieza en casa.

Para quienes quieran profundizar y, sobre todo, encontrar herramientas para iniciar estas conversaciones en familia, les recomiendo seguir en redes sociales a @commonsenseorg, @protectyoungeyes, @defendyoungminds y @somos.buscaminas. Son recursos que pueden ayudarnos a informarnos, prepararnos y acompañar mejor a nuestros hijos e hijas. Porque para educar también necesitamos educarnos. Y hoy más que nunca nos necesitan.

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