El libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra, no hay personajes de Nuevo León como figuras centrales. No sé si eso sea bueno o malo.
Los nuevoleoneses solemos ser protagónicos en el acontecer político o económico nacional, pero Scherer nos hace menos. Dicho de otro modo, nos ningunea.
El foco está en el círculo cercano a AMLO: Gertz Manero, Adán Augusto, Olga Sánchez Cordero, Jesús Ramírez Cuevas, Hugo López-Gatell… Todos sin nexos directos con nuestro estado. Sí menciona, no muy bien, a Alfonso Romo y, neutralmente, a Tatiana Clouthier y Margarita Ríos Farjat.
Quizá lo más cercano, a mi parecer y gusto —o disgusto—, es el caso de Sergio Carmona, alias “el rey del huachicol”, quien fue asesinado en San Pedro Garza García, Nuevo León, en 2021.
En una revelación que se me antoja más con ribetes de venganza, Scherer lo menciona como operador que llegó a los altos círculos gracias a Jesús Ramírez, pero no es un personaje típico de Nuevo León, sino un delincuente oriundo de Reynosa, Tamaulipas, vinculado al poder nacional, entre cuyos nombres Scherer alude a Alfonso Durazo.
El ajuste de cuentas de Scherer no pasa por Nuevo León. Lo cual no quita que aquí cometiera el autor alguna que otra tropelía. Luego se las cuento.
¿Mi opinión del libro? Una prosa mediocre, insulsa, más que un análisis serio. Scherer se pinta como víctima intachable, el único honesto en un nido de víboras, mientras dibuja a los demás de su cuadrilla —incluido AMLO— como manipuladores, ególatras o ineptos. Un dardo venenoso más que un recuento de daños.
¿A dónde va Scherer con su mamotreto? A diseñar una coartada moral ante posibles juicios futuros o próximos. Ni hablar. En ese nido nadie se salva. Todos salen perdiendo.
