En un entorno internacional cada vez más incierto, el liderazgo se pone a prueba no por los discursos altisonantes, sino por la capacidad de sostener principios con serenidad. Hoy, México tiene al frente a Claudia Sheinbaum Pardo, una presidenta que ha demostrado temple: firmeza sin estridencias, claridad en el rumbo y una convicción que se resume en una idea clave para el país y para los estados del norte: cooperación sí, subordinación no.
La relación con Estados Unidos vuelve a ocupar el centro del debate público. Los cambios políticos, los discursos duros y las presiones económicas forman parte de un escenario que exige inteligencia, coordinación y visión de Estado. Ante ello, el mensaje desde el gobierno federal ha sido consistente: México está dispuesto a dialogar y a construir acuerdos, pero sin renunciar a su soberanía ni a sus intereses estratégicos. Esa postura no busca confrontación; busca equilibrio y respeto mutuo.
Para Nuevo León, este enfoque es determinante. De acuerdo con datos del Inegi, más del 80 por ciento de las exportaciones del estado tienen como destino Estados Unidos, lo que convierte a Nuevo León en uno de los engranes más relevantes de la relación económica bilateral. Aquí, la soberanía no es un concepto abstracto; se refleja en aduanas eficientes, cadenas de suministro estables, inversiones que se sostienen y miles de empleos que dependen de reglas claras y certidumbre institucional.
Hablar de soberanía también implica coordinación. Coordinación entre el gobierno federal y los estados; entre autoridades y sector productivo; entre la política exterior y las realidades locales. Defender la soberanía no significa aislarse, sino contar con fortaleza institucional para negociar desde una posición de respeto, sin improvisaciones y sin subordinaciones. La coordinación es, hoy más que nunca, una herramienta de competitividad.
El contexto político en Estados Unidos, marcado por figuras como Donald Trump, obliga a México a actuar con cabeza fría. No se trata de reaccionar al ruido, sino de proteger al país y a regiones estratégicas como el noreste, donde la seguridad, la logística y la infraestructura inciden directamente en el desarrollo nacional.
El temple se construye con visión de largo plazo. Nuevo León necesita liderazgo que entienda su papel como motor económico y que respalde su agenda interna: seguridad, movilidad, aire limpio, agua y planeación metropolitana. Hoy, el mensaje desde la Presidencia es claro: soberanía con coordinación, diálogo sin subordinación y firmeza para defender a México y a sus estados clave. Esa es la ruta que da estabilidad y futuro.
