Los imperios rara vez saben que están naciendo.
Hasta que aparece alguien que cambia para siempre la medida de lo que parecía posible.
**Roma tuvo a Augusto. Tigres tuvo a Gignac.**
Augusto fue el primer emperador de Roma.
Después llegaron otros grandes.
Trajano.
Adriano.
Marco Aurelio.
Pero Augusto, solo hubo uno.
Porque una cosa es engrandecer un imperio…
*Y otra es fundarlo.*
Gignac hizo algo parecido en Tigres.
Durante once años no solo marcó goles.
*Cambió la medida del club.*
Antes de él, ganar un campeonato era una conquista.
Con él, pelear por el título.
Se volvió una costumbre.
Pero Gignac ya no está.
Y comienza la verdadera prueba del Imperio.
No la despedida.
*La sucesión.*
Augusto entendió que su obra debía sobrevivirlo.
Preparó a Tiberio para sucederlo.
Tigres no ha tenido una transición tan ordenada.
Gignac se fue.
Y apenas en la segunda jornada…
*Guido Pizarro también.*
Nueva directiva.
Nuevo liderazgo.
Nuevas jerarquías.
Y Nahuel Guzmán, como último gran testigo de aquella generación.
Este es *el Año Uno*.
Y ya comenzó con su primera crisis.
Ahora Tigres no necesita encontrar al próximo Gignac.
*No existe.*
Las leyendas no dejan reemplazos.
*Dejan una medida.*
El legado de Gignac ya quedó escrito.
Ahora el que está a examen es Tigres.
Porque fundar un imperio exige un hombre extraordinario.
Pero conseguir que sobreviva a su fundador…
*Exige una institución.*
