Rayados: El código de Almeyda
Sección Editorial
- Por: Antonio Rosique
- 17 Agosto 2026, 04:58
“En tiempos de paz se revela la disciplina; en tiempos difíciles, el carácter.”
Inspirado en los principios del Bushido
Rayados acaba de ganar 6-1 en la Liga MX.
Seis goles provocan ruido, euforia, titulares. Pero quizá para entender lo que Matías Almeyda intenta construir en Monterrey haya que apartar la mirada del marcador y viajar miles de kilómetros. Hasta Japón. Y adentrarnos en una colección de principios que durante años ha acompañado su manera de entender el futbol y la vida: Bushido
El antiguo código de los samuráis.
Almeyda ha reconocido su fascinación por aquella cultura y por una filosofía construida alrededor del honor, la lealtad, la disciplina y el coraje.
Cuando dirigía al San José Earthquakes confesó: “Soy un fanático de la historia del pueblo samurái.”
Para comprender al entrenador, conviene conocer primero al hombre.
Diego Borinsky escribió su biografía autorizada, Alma y vida. El título de su introducción parece anticipar al personaje: “Sin corazón no hay historia.”
La vida de Almeyda tiene mucho de eso.
Nació en Azul, provincia de Buenos Aires. Creció entre el futbol, el folklore gaucho y la afición al deporte motor, heredada de su padre.
Después llegaron River, Europa, la selección argentina, la fama.
Y los títulos.
Como jugador fue campeón de liga en Argentina, ganó liga y copa en Italia, levantó la Copa Libertadores y conquistó la medalla de plata olímpica. Como entrenador logró los ascensos de River y Banfield; con Chivas ganó la Liga MX y la Concacaf; y en Grecia conquistó liga y copa con el AEK.
Pero también llegaron los golpes.
Conoció la derrota, el retiro, el regreso, la presión y momentos personales muy difíciles.
En Alma y vida aparece una frase que ayuda a entender el combustible del personaje:
“Gracias a todos los que confiaron siempre en mí y a los que no también, porque gracias a ellos saco la fuerza para seguir adelante.”
Ahí comienza a aparecer el entrenador que hoy dirige a Rayados.
Porque al menos tres principios del Bushido pueden reconocerse en su manera de conducir.
El primero es Gi: rectitud.
Hacer lo que uno considera correcto y hacerse responsable de ello.
Al llegar a Monterrey, Almeyda dejó una declaración que funciona como presentación personal: “Soy lo que ven, soy lo que escuchan y siempre me hago cargo de mis actos porque trato de ser coherente con lo que digo y con lo que hago.”
El segundo es Yu: coraje.
Almeyda ha construido su carrera aceptando lugares donde había mucho que perder: River en uno de sus momentos más dolorosos, Chivas bajo la obligación permanente de ganar, San José, Sevilla y ahora Monterrey.
Él mismo lo resumió: “Vivo así, poniéndome a prueba.”
El tercero es Chu: lealtad.
Lealtad hacia una causa, hacia quienes caminan contigo y hacia aquello que representas.
Sus equipos pueden jugar bien o mal, sus métodos pueden discutirse, pero Almeyda suele conseguir algo más difícil: que el futbolista crea que pertenece a algo.
Que el compañero importa.
Que el escudo importa.
Y los resultados empiezan a acompañarlo: Rayados está clasificado a cuartos de final de la Leagues Cup y en Liga MX suma nueve puntos después de cuatro jornadas.
Es pronto.
Una goleada no entrega campeonatos. Cuatro jornadas tampoco alcanzan para declarar que una nueva época ha comenzado.
Pero ya comienza a distinguirse algo: Una identidad.
Y eso importa especialmente hoy en Monterrey.
Mientras Tigres intenta descubrir cómo transitar hacia una nueva época, Rayados intenta construir la suya.
Uno busca entrenador.
El otro comienza a adquirir los rasgos del suyo.
El Bushido nunca fue un código diseñado para los días fáciles. El carácter del samurái aparecía cuando llegaban el peligro, la incertidumbre y la derrota.
Por eso el 6-1 contra Juárez quizá nos diga menos de lo que parece.
La verdadera prueba de Almeyda llegará.
Una derrota. Una eliminación. Una decisión polémica. Una noche en la que el Gigante de Acero deje de aplaudir y comience a exigir.
Entonces descubriremos cuánto de aquel antiguo código japonés consiguió viajar hasta Monterrey.
Porque ganar 6-1 construye entusiasmo.
Sobrevivir a la adversidad construye cultura.
Y entonces sabremos si Rayados contrató solamente a un entrenador… o adoptó un código.
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