Tucídides, historiador griego, aseguraba que la ‘batalla política encarnizada’ ocurría cuando la audacia pasaba a llamarse lealtad al partido, y la prudencia, cobardía disfrazada.
La carrera rumbo a la elección de mitad de año en Coahuila arrancó levantando polvo. La caballada no está tan flaca y, más bien, luce brava. Los “querientes” que tenían que renunciar ya renunciaron.
En la Región Centro —que básicamente abarca el distrito 5 de Monclova— la pelea se puso sabrosa, pues la actual diputada Guadalupe Oyervides pensó que tenía segura la reelección… hasta que se enteró de que la secretaria de Turismo estatal, Cristina Amezcua, habría de solicitar licencia.
Oyervides ha mostrado capacidad, visión e inteligencia a la hora de chambearle en el Congreso; caso contrario a la funcionaria monclovense, que más bien se la ha pasado turisteando, paseando y dejando de manifiesto su incapacidad, falta de creatividad y escasa experiencia en el servicio público.
Quizá por eso Oyervides no vio con buenos ojos la orden. De hecho, algunas cúpulas del sector privado y priistas de arraigo en aquella región torcieron la boca cuando se enteraron de semejante aberración.
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Y el que se cree virrey de Monclova, incluso por encima del “apazguatado” del alcalde Carlos Villarreal, es Sergio Sisbeles, que viendo la situación apunta a decir lo que cualquier buen pambolero de sillón: “Yo con el que vaya ganando”.
Al que vieron muy quitado de la pena jugando golf en un club del sur de Saltillo fue al Chaniiiio Díaz, alcalde de Sabinas (aquí tras lomita, a unos 300 kilómetros más o menos).
Con palos de golf de buena calidad y outfit comprado en McAllen, buscaba hoyos para un birdie… cuando en su municipio tiene miles dispersos por las colonias.
Aunque lo peor —cuentan los que saben— es que su incapacidad para el golf es poca cosa comparada con su ineptitud para atender los requerimientos más simples de sus gobernados.
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Tal como lo marcaba el calendario electoral, las precampañas iniciaron el primer minuto del primer día de marzo. Ahora sí los verá usted caminar con huarache por las calles, embarrándose de lodo, llorando abrazados a los ciudadanos en las puertas de sus casas, prometiendo lo que históricamente no han cumplido.
Gastándose millones del presupuesto en bardas, panfletos, publicaciones digitales e impresas, escuadrones de bots, carnes asadas y demás triquiñuelas perversas… todo a costa del erario federal.
Estimado lector: ya se sabe la historia, evitemos repetirla.
“He dicho; vosotros habéis leído, tenéis los hechos, juzgad”.
¡¡Yássas!!
