Opinión

Regiomontanos en EUA: ¿Invasión silenciosa o búsqueda de mejor vida?

Sección Editorial

  • Por: Eloy Garza
  • 04 Marzo 2026, 04:59

Al cabo de un viaje a Austin, Texas, terminé de leer el “bestseller”: The Invisible Coup, de Peter Schweizer, regalo de un amigo empresario de San Pedro que migró a esa ciudad texana.  

Debo admitir que no supe si estaba ante un libro de geopolítica, un thriller de aeropuerto o una advertencia apocalíptica con notas al pie. El título promete un golpe de Estado invisible. Lo que ofrece es algo más interesante: una narrativa que convierte la migración en arma estratégica y la demografía en conspiración. Una barbaridad estrambótica. Digamos que ridícula. 

El libro, publicado en enero de 2026 por HarperCollins, se convirtió rápidamente en número uno del New York Times. Schweizer es un periodista de investigación, presidente del Government Accountability Institute y viejo conocido de los circuitos conservadores en Estados Unidos. Su método es muy reconocible para quienes ya le hemos leído obras anteriores: documentos filtrados, citas fuera de contexto y una conclusión siempre al borde del absurdo. No hay humo sin fuego; pero, en ocasiones, sí hay humo sin incendio.

¿Cuál es su tesis central? Que la migración masiva hacia Estados Unidos no es un fenómeno económico ni humanitario, sino una estrategia deliberada: un “golpe invisible” impulsado por élites progresistas, ONG globales y potencias extranjeras —México y China incluidas— para alterar la demografía, influir en elecciones y debilitar la soberanía estadounidense.

Confieso que la hipótesis es seductora, pero falsa. Tiene antagonistas claros, traición interna y amenaza externa. Funciona narrativamente. El problema es otro. 

Schweizer recurre al episodio del Mariel Boatlift de 1980, cuando Fidel Castro permitió la salida masiva de cubanos hacia Florida. ¿Recuerda el lector de esta columna Scarface, con Al Pacino? Sugiere que fue una operación para infiltrar criminales en Estados Unidos. Sin embargo, lo que la historiografía documenta es algo menos cinematográfico: entre un 2% y un 7% de los migrantes tenían antecedentes penales. La mayoría eran refugiados económicos y políticos. El episodio fue complejo, pero no fue una guerra híbrida.

Aquí conviene separar dos planos: la migración como fenómeno real y la migración como símbolo político. Paso a los datos. Según el Censo de Estados Unidos, la población hispana o latina alcanzó aproximadamente 68 millones en 2025, cerca del 20% del total nacional. En estados como Nuevo México, Texas o California, las proporciones son altas. ¿Es esto una “reconquista”? No. Es el resultado acumulado de historia territorial —incluido el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848—, cadenas migratorias, mercado laboral y dinámica demográfica.

Los hispanos representan cerca del 18% de la fuerza laboral: agricultura, construcción, servicios, logística. Pagan impuestos, emprenden negocios, sostienen consumo. La segunda generación habla inglés con fluidez en más del 80% de los casos y participa plenamente en la vida cívica. No veo evidencia de coordinación estatal mexicana para una anexión demográfica. No hay documentos estratégicos que planteen la “invasión uterina” como doctrina de política exterior.

¿Qué veo entonces? Movilidad laboral. Y aquí entro al terreno simbólico. Las ideas que recoge The Invisible Coup no nacen en 2026. Tienen antecedentes literarios. Uno de los más influyentes es la novela El campamento de los santos, publicada en 1973 por Jean Raspail. En esta obra, que leí asombrado por lo excesivo de su tesis, una flota de migrantes pobres provenientes de la India llega a Francia y precipita el colapso moral y cultural de Occidente. La sociedad liberal, paralizada por el humanitarismo, se suicida.

Se trata de pura ficción distópica. Pero su imaginario ha sido reciclado durante décadas. Más recientemente, la teoría del “Gran Reemplazo”, popularizada por Renaud Camus, sostiene que las poblaciones blancas están siendo sustituidas demográficamente por inmigrantes no europeos mediante políticas deliberadas de fronteras abiertas. Es una narrativa conspirativa que ha sido citada en manifiestos extremistas. No es una teoría demográfica seria; es una metáfora identitaria convertida en alarma política.

Schweizer no escribe una novela, pero adopta escenas similares: élites traidoras, migración instrumentalizada, decadencia cultural, amenaza existencial.

Y aquí veo el punto crucial: la demografía no es un golpe de Estado. Es una tendencia.

Las sociedades cambian. Siempre han cambiado. En el siglo XIX, los irlandeses eran vistos como una amenaza católica; los italianos, como portadores de crimen; los judíos de Europa del Este, como desestabilizadores financieros. Hoy forman parte indisociable del tejido estadounidense.

El miedo demográfico suele ser un espejo del miedo político. ¿Esto significa que no hay retos? No. El sistema migratorio estadounidense es evidentemente caótico, lento e incoherente. Hay presión en la frontera, incluyendo el Puente Colombia, en Nuevo León. Hay tensiones culturales. Hay competencia laboral en ciertos sectores. Todo eso merece política pública seria: reforma migratoria integral, vías legales claras, cooperación bilateral, inversión en integración educativa y lingüística.

Lo que no merece este fenómeno migratorio es ser convertido en teoría de guerra demográfica.

La pregunta que hago entonces no es qué hacer con 68 millones de hispanos. La pregunta es qué narrativa elegirá Estados Unidos para explicarse a sí mismo. Puede optar por la metáfora del asedio: murallas, traiciones, invasiones invisibles. O puede optar por la metáfora histórica que mejor describe su trayectoria: incorporación, ajuste y absorción sana. 

Las conspiraciones ofrecen claridad emocional. Los datos ofrecen una complejidad incómoda. Y quizá ese sea el verdadero “golpe invisible”: no el que transforma la demografía, sino el que transforma la conversación pública, convirtiendo estadísticas en enemigos y vecinos en amenazas. Al final, la cuestión no es si hay un “Gran Reemplazo”. La cuestión es si lo que está siendo reemplazado no es la población, sino la capacidad de pensar con rigor cuando el miedo vende más que los hechos. Y esa, esa sí que es una invasión silenciosa. De eso sabemos bien los regiomontanos que viven en Texas.

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