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Opinión

Trump mueve la Fed… y el oro se desploma: el mercado castigó el FOMO

Columna Invitada

La caída del oro y la plata no fue “casualidad”: fue el recordatorio más crudo de que, en los mercados, la narrativa manda… hasta que la realidad la corrige de golpe.

El detonante fue político y monetario a la vez. Donald Trump anunció que nominará a Kevin Warsh, exgobernador de la Reserva Federal, para reemplazar a Jerome Powell cuando termine su periodo. En cuanto el mercado escuchó el nombre, reaccionó como suele hacerlo cuando cambia el mapa del poder: suben las apuestas sobre el rumbo de tasas, se reacomoda el dólar y se reprician los bonos. Y cuando el dólar se fortalece y las tasas reales amenazan con moverse al alza, los metales —activos sin rendimiento— pierden atractivo en el margen.

Pero quedarnos solo con “Trump lo dijo y por eso cayó” sería simplificar el fenómeno. Lo que ocurrió también fue una limpieza de exceso. Oro y plata venían alimentándose de un cóctel potente: refugio, tensión geopolítica, inflación emocional y la ilusión de que “solo pueden subir”. Cuando un mercado se acostumbra a ganar, empieza a creer que el riesgo desapareció. Y ahí nace el enemigo silencioso: el FOMO.

En esos puntos de euforia, el precio deja de ser un número y se vuelve una identidad: “si no estoy dentro, me quedo fuera”. Entonces entra dinero tarde, entra dinero nervioso, entra dinero que no tolera la volatilidad. Y cuando aparece una noticia con poder simbólico —un posible giro en la Fed— ese dinero se convierte en venta urgente. Por eso no solo cae el precio: se eleva el volumen y el movimiento se vuelve brusco, casi mecánico.

A esto se suma el segundo gran motor: toma de utilidades. No hay misterio: tras un rally, muchos institucionales no “se enamoran” del metal; simplemente aseguran ganancia. Ese cash-out inicial activa stops, dispara ventas técnicas y provoca la típica cascada que confunde al inversionista emocional: “si cayó, algo terrible viene”. A veces no viene nada terrible: solo viene el mercado cobrando factura por el exceso.

La reflexión de fondo es incómoda, pero necesaria: el oro y la plata no son líneas rectas; son termómetros del miedo y de la política monetaria. Hoy el mercado no está discutiendo únicamente metales; está discutiendo confianza, independencia y dirección de la Fed bajo un nuevo contexto político.
Y usted, inversionista, DIVERSIFIQUE. Las caídas no son malas; son parte de la estrategia. Todo se recupera en el viaje de los puntos de resistencia y soporte.
 
En tiempos así, la disciplina vale más que la predicción: no persigas el precio, no compres por ansiedad y no vendas por pánico. Porque en los metales, como en la vida, el error más caro casi siempre se llama igual: euforia sin plan.

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