Rocha: el primer gran choque de los dos Morenas
Sección Editorial
- Por: Luis Padua Viñals
- 25 Agosto 2026, 04:58
¿Qué hizo pensar a Rubén Rocha Moya que podía regresar tranquilamente a gobernar Sinaloa?
Después de permanecer más de tres meses separado del cargo, y con acusaciones muy graves formuladas en Estados Unidos sobre sus presuntos vínculos con Los Chapitos, Rocha decidió regresar a la gubernatura prácticamente por voluntad propia, para evitar complicaciones con la licencia previa que había tomado.
Sin embargo, todo indicaría que lo hizo sin consultar a la presidenta Claudia Sheinbaum y sin el respaldo de la dirigencia de Morena.
Pero... ¿Realmente actuó solo? ¿O se siente envalentonado por su larga amistad con AMLO, de quien, se dice, ha obtenido apoyo irrestricto?
Resulta difícil imaginar que un político experimentado como Rocha Moya se hubiera atrevido a desafiar de esa manera a la nueva dirigencia de Morena —y, en los hechos, a la propia Presidenta— si no se sintiera respaldado por una parte del viejo bloque de poder construido durante el sexenio anterior.
Rocha es un político profundamente ligado al obradorismo. Fue uno de los gobernadores cercanos al expresidente Andrés Manuel López Obrador y forma parte de aquella generación de mandatarios y dirigentes que llegaron al poder cobijados por el liderazgo del fundador del movimiento.
Resulta inevitable preguntarse si Rocha se habría atrevido a dar semejante paso si no creyera contar todavía con respaldo dentro de lo que podríamos llamar el ala “amlista” de Morena.
Por lo tanto, no es descabellado afirmar que quizá acabamos de presenciar el enfrentamiento público más álgido hasta ahora entre dos centros de poder que inevitablemente conviven dentro de Morena: el viejo bloque político construido alrededor de López Obrador y el nuevo equipo que comienza a consolidarse alrededor de Claudia Sheinbaum.
El regreso de Rocha colocó a la Presidenta en una posición particularmente incómoda.
Por un lado, tenía frente a sí a un gobernador de su propio partido, perteneciente al viejo núcleo obradorista. Por el otro, tenía la presión de Estados Unidos y unas acusaciones suficientemente graves como para que el regreso de Rocha al poder se convirtiera inmediatamente en un problema político y diplomático.
Sheinbaum tenía que responder. Y lo hizo de manera inteligente: publicó un mensaje en su cuenta de X. Un mensaje muy fuerte, donde, sin embargo, no mencionó a Rocha.
No sólo no hizo alusión al gobernador, sino que tampoco exigió públicamente su renuncia. Ni convirtió el episodio en un enfrentamiento abierto dentro de Morena.
Pero lo que sí hizo fue advertir que “el poder sin principios se convierte en arrogancia” y sostuvo que “ningún interés personal puede estar por encima del pueblo y de la Nación”.
Lo cierto es que todos entendieron.
Horas después, Rocha Moya solicitó nuevamente licencia, ahora por tiempo indefinido.
Y entonces vino el segundo mensaje: Sheinbaum apuntó que la decisión era “lo mejor para Sinaloa”.
La estrategia fue sumamente bien tejida: primero, Sheinbaum marcó la línea y, después, avaló el desenlace. Algo que habría que reconocerle a la mandataria y a sus asesores.
Podríamos decir también que mientras Rocha intentó ejercer poder, Claudia respondió ejerciendo autoridad.
Y una característica fundamental que resurgió en este episodio, y que antes ya le habíamos observado a la Presidenta, es la de la templanza.
Es la misma cualidad que le ha permitido enfrentar algunos de los momentos más difíciles de su relación con Donald Trump. Evitar reaccionar impulsivamente, escoger cuidadosamente las palabras, mantener abierta la comunicación y, al mismo tiempo, dejar suficientemente clara la posición mexicana.
Ahora esa templanza fue utilizada hacia adentro.
Lo que sí es que el episodio de Rocha probablemente no será el último. Porque conforme avance el sexenio, será inevitable que aparezcan nuevas diferencias entre quienes todavía entienden a Morena desde la lógica y los liderazgos construidos por López Obrador, y quienes comienzan a reconocer que existe un nuevo centro de poder alrededor de Claudia Sheinbaum.
Rocha puso a prueba esa autoridad, pero Claudia salió fortalecida.
Habrá que ver si no es este el comienzo de una lucha mayor tras bambalinas; una lucha entre un Morena corrompido por el poder y otro que busca gobernabilidad bajo la lupa del inquisitivo vecino del norte, que busca cualquier pretexto para intervenir y acomodar las cosas a su favor.
Serán tiempos interesantes, que podrían cambiar muchas cosas dentro de Morena. Veremos.
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