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Opinión

Salvar vidas no puede depender de la caridad institucional: se requiere presupuesto

Techo de Cristal

Históricamente, la operación de corporaciones de auxilio vital, como la Cruz Roja y los cuerpos de bomberos en nuestro país, ha dependido de una fórmula tan noble como insostenible: la buena voluntad ciudadana y las colectas anuales. Sin embargo, apagar fuegos, atender crisis médicas y rescatar vidas en una de las zonas metropolitanas e industriales más complejas de América Latina no puede seguir tratándose como un acto de mera caridad espontánea; es una función de seguridad pública y protección civil que el Estado tiene la obligación de garantizar de forma estructural.

Por ello, la iniciativa de ley que propone etiquetar de manera obligatoria y progresiva recursos presupuestales para las organizaciones de beneficencia social de alto impacto representa un parteaguas legislativo indispensable. El origen de esta propuesta merece un reconocimiento especial: nace de la visión, el rigor técnico y la sensibilidad de jóvenes estudiantes de la Licenciatura en Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey. Que las nuevas generaciones asuman el liderazgo para resolver vacíos institucionales históricos es una señal de esperanza, pero también un llamado de atención para la clase política tradicional. No estamos ante una ocurrencia, sino ante un proyecto con sustento que entiende que el presupuesto público debe ser el reflejo real de las prioridades de una sociedad.

En Nuevo León, el crecimiento vertical, el acelerado desarrollo industrial derivado del nearshoring y los efectos cada vez más evidentes de la crisis climática configuran un mapa de riesgo que desborda las capacidades operativas actuales. Cuando el teléfono de emergencias suena, el ciudadano no pregunta si la corporación que va en camino recibió suficientes donativos el mes anterior; el ciudadano exige, con justa razón, una respuesta inmediata y profesional. Dejar la operación de los bomberos o de las ambulancias a expensas de los remanentes presupuestales o de la generosidad variable es una vulnerabilidad que ya no podemos permitirnos. Lo que no está presupuestado y etiquetado, simplemente no existe en la realidad gubernamental.

Esta reforma es un avance crucial por tres razones fundamentales:

Primero, otorga certeza operativa. Las instituciones de rescate de alto impacto social no pueden planificar la compra de equipo especializado, el mantenimiento de unidades o la capacitación de su personal si viven en la incertidumbre financiera permanente.

Segundo, dignifica el capital humano. Quienes arriesgan su integridad en la primera línea de respuesta merecen condiciones laborales estables, equipos de protección con tecnología de punta y coberturas de salud dignas de su nivel de exposición al peligro.

Tercero, institucionaliza la corresponsabilidad. Al etiquetar recursos públicos, se eleva el estándar de rendición de cuentas, asegurando que cada peso asignado se traduzca de manera directa en una reducción de los tiempos de respuesta ante emergencias y en una mayor cobertura territorial.

Legislar para blindar el financiamiento de estas organizaciones no es un gasto; es la inversión más rentable en materia de resiliencia urbana. La propuesta de este grupo de universitarios nos muestra la ruta para transitar de un modelo de reacción asistencialista a una verdadera política de Estado en materia de protección civil.

Es momento de que el Congreso del Estado escuche el empuje de la juventud, demuestre madurez política y sensibilidad social. Aprobar esta ley es dotar a nuestras corporaciones de las herramientas necesarias para cuidarnos; porque, al final del día, blindar el presupuesto de la Cruz Roja y de los bomberos es, literalmente, blindar la vida de todas y todos los neoleoneses.

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