Opinión

Samuel: hora de pensar en el legado

Sección Editorial

  • Por: Luis Padua Viñals
  • 06 Octubre 2026, 04:58

Este domingo comenzó el último año del gobierno de Samuel García en Nuevo León, que probablemente será el más importante.

Los primeros cinco años sirven para gobernar, construir, equivocarse, corregir y arrancar proyectos. Pero el sexto sirve, sobre todo, para definir el “legado”. ¿Qué legado nos deja realmente Samuel?

Y es que el gobernador nuevoleonés llega a este último tramo con una circunstancia interesante: hay resultados de su administración que ya difícilmente pueden negarse, pero también existen proyectos y problemas cuyo desenlace puede modificar considerablemente la percepción que los ciudadanos tengan de este gobierno cuando termine.

Empecemos por lo bueno, lo que se reconoce por consenso.

Uno de los cambios más importantes está en la seguridad.

Después de atravesar momentos complicados durante el sexenio, Nuevo León cerró 2025 con una reducción cercana al 53 por ciento en homicidios respecto del año anterior, y de hasta 80 por ciento en relación con el inicio del sexenio, mientras Fuerza Civil ha experimentado una transformación importante en infraestructura, equipamiento y presencia.

El Estado asegura haber invertido más de $30,000 millones de pesos en seguridad durante el sexenio, y los resultados sí parecen estar a la vista.

Otro activo importante es la economía.

Nuevo León continúa siendo uno de los grandes imanes de inversión de México. Tan sólo durante el primer semestre de 2026 recibió $3,712 millones de dólares de inversión extranjera directa, equivalente al 10.6 por ciento de toda la que llegó al país.

No todo eso puede atribuirse al gobierno, por supuesto. Nuevo León lleva décadas construyendo una cultura industrial y empresarial que trasciende administraciones.

Pero también sería injusto negar que este gobierno entendió el momento del nearshoring, salió agresivamente a buscar inversiones y ayudó a mantener al estado en el radar mundial.

Después está la infraestructura.

Quizá aquí se encuentre la apuesta más importante —y también el mayor riesgo— del legado de Samuel.

Durante al menos 12 años, diferentes gobiernos hablaron de la necesidad de ampliar considerablemente el Metro de Monterrey sin atreverse realmente a hacerlo.

Samuel sí lo hizo. Las Líneas 4 y 6 son obras enormes que inevitablemente han provocado molestias, cierres y más tráfico durante su construcción. Pero el viaducto de ambas reportaba ya en septiembre un avance superior al 95 por ciento.

Ver los trenes circulando en pruebas cambió incluso la discusión política: dejaron de ser renders para convertirse en infraestructura tangible.

Sin embargo, ahí aparece precisamente el reto del último año, porque una cosa es construir y otra conseguir que lo construido transforme la vida cotidiana.

Hoy el tráfico probablemente sea el mayor dolor de cabeza de los regiomontanos.

Cómo Vamos Nuevo León encontró que 51 por ciento de los ciudadanos considera ya la movilidad como el principal problema del estado. Y según TomTom, durante 2025 un conductor regiomontano perdió en promedio 89 horas atrapado en congestionamientos durante las horas pico. Es brutal.

El objetivo de las nuevas líneas del Metro, los nuevos camiones y las demás obras de movilidad es precisamente cambiar esa realidad, pero todavía no ocurre.

También está la contaminación.

Aunque durante 2026 se han registrado algunas mejoras en partículas PM10 y PM2.5, la calidad del aire sigue siendo uno de los grandes pendientes metropolitanos y difícilmente puede considerarse un problema resuelto.

Así llega Samuel García al sexto año.

Con más activos que pasivos, me parece, pero también con varias apuestas todavía abiertas.

Si dentro de un año las nuevas líneas del Metro están funcionando, el sistema de transporte comienza a aliviar realmente la movilidad, la seguridad mantiene su tendencia positiva, las inversiones continúan llegando y algunas de las grandes obras iniciadas durante el sexenio comienzan a sentirse en la vida diaria, Samuel podrá presumir un legado importante.

Pero si las obras quedan inconclusas, el tráfico continúa empeorando y los grandes proyectos terminan convertidos en promesas para el siguiente gobierno, la percepción puede ser muy distinta.

Ésa es la peculiaridad del último año de cualquier administración. No importa tanto lo que prometiste: importa lo que entregaste.

Samuel tiene doce meses —quizá realmente sólo nueve, por las elecciones— para definir cuál de dos palabras acompañará su salida de Palacio de Gobierno: legado o pendiente.

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