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Opinión

Se acabó la cuarentena: el miedo regresa a los mercados

Columna Invitada

El termómetro del miedo vuelve a tomar protagonismo. Después de varias semanas en las que el índice VIX se mantuvo alrededor de los 15 y 16 puntos, niveles que reflejaban una relativa calma entre los inversionistas, la volatilidad ha comenzado a despertar nuevamente. El mercado está enviando señales que no deben ser ignoradas.

El VIX, conocido mundialmente como el índice del miedo, ha registrado un incremento cercano al 40% respecto de los niveles observados semanas atrás. Tras permanecer en una zona de relativa estabilidad, hoy se aproxima a los 22 puntos, una señal clara de que los inversionistas están aumentando sus coberturas y preparándose para escenarios de mayor incertidumbre. Más allá de la cifra puntual, el mensaje es contundente: los mercados están dejando atrás la tranquilidad de los últimos meses y vuelven a incorporar riesgos que parecían descontados.

Al cierre del viernes, los principales mercados bursátiles del mundo terminaron en terreno negativo. Wall Street registró pérdidas importantes, particularmente en el Nasdaq, mientras que el IPC mexicano también mostró retrocesos. En Asia, índices relevantes como el Shanghai Composite acompañaron la tendencia bajista. Cuando los mercados de distintas regiones comienzan a moverse en la misma dirección, los inversionistas prestan atención, porque, generalmente, no se trata de hechos aislados, sino de una percepción compartida de mayores riesgos hacia adelante.

A este entorno financiero se suma el factor geopolítico. Medio Oriente vuelve a colocarse en el radar internacional debido a las tensiones que rodean al estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Como consecuencia, los precios del petróleo Brent y del WTI han comenzado a registrar incrementos graduales, reflejando una prima de riesgo asociada a posibles afectaciones en el suministro global de energía.

Sin embargo, para México el principal foco de atención sigue estando en la relación con Estados Unidos. Estamos en cuenta regresiva. El 1 de julio aparece como una fecha crítica para avanzar en los acuerdos y negociaciones vinculados al T-MEC, el instrumento económico más importante para la integración productiva de América del Norte.

Las conversaciones han mostrado avances, pero existe un componente particularmente delicado: el entorno diplomático y político derivado de las investigaciones que autoridades estadounidenses mantienen sobre diversos actores y funcionarios mexicanos. Independientemente de los resultados que dichas investigaciones puedan tener, el simple hecho de que estos temas formen parte de la conversación bilateral agrega presión a un proceso de negociación que resulta fundamental para ambas economías.

El riesgo es evidente. México mantiene una alta dependencia comercial de Estados Unidos, destino de la gran mayoría de sus exportaciones y principal fuente de inversión productiva asociada al fenómeno del nearshoring. Cualquier deterioro en la relación bilateral tendría repercusiones directas sobre el crecimiento económico, la generación de empleo y las expectativas de inversión.

Se acabó la cuarentena. Los mercados están reaccionando, la volatilidad vuelve a ganar espacio y el reloj corre hacia una fecha que puede marcar el rumbo económico de los próximos años. Si a la incertidumbre financiera global se le suma la complejidad política y diplomática de las negociaciones del T-MEC, el desafío se vuelve aún mayor.

La principal tarea para México durante las próximas semanas será preservar la certidumbre. Porque, más allá de las diferencias políticas o de las tensiones coyunturales, lo que está en juego es la relación con su principal socio comercial y, en buena medida, las perspectivas de crecimiento de toda la economía nacional. 

El mercado ya encendió las luces de advertencia. Un VIX que ha escalado cerca de 40% hasta rozar los 22 puntos, bolsas internacionales operando a la baja y un entorno geopolítico más complejo son señales que difícilmente pueden ignorarse. Ahora corresponde a los gobiernos evitar que la incertidumbre se convierta en un problema mayor.

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